Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy martes 18 de enero de 2022

Día litúrgico: Martes 2 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 2,23-28): Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le dijeron: “¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?”

Él les respondió: “¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en el tiempo del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes?”

Y agregó: “El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. De manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado”.

Palabra del Señor.

Reflexión

Si Ayer el motivo del altercado fue el ayuno. Hoy, una institución intocable del pueblo de Israel: el sábado. El recoger espigas era una de las treinta y nueve formas de violar el sábado, según las interpretaciones exageradas que algunas escuelas de los fariseos hacían de la ley. ¿Es lógico criticar que en sábado se tomen unas espigas y se coman? Jesús aplica un principio fundamental para todas las leyes: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”.

Trae como argumento la escena en que David come y da de comer a sus soldados hambrientos los “panes presentados”, de alguna manera sagrados. Una cosa es obedecer a la ley de Dios y otra, caer en una casuística tan caprichosa que incluso pasa por encima del bien del hombre. El hombre está siempre en el centro de la doctrina de Jesús. La ley del sábado había sido dada precisamente a favor de la libertad y de la alegría del hombre (cf. Dt 5, 12-15).

Además, Jesús lanza valientemente una de aquellas afirmaciones suyas que tan nerviosos ponían a sus enemigos: “El Hijo del hombre es señor también del sábado”. No es que Jesús haya venido a abolir la ley, pero sí a darle pleno sentido. Si todo hombre es superior al sábado, mucho más el Hijo del Hombre, el Mesías.

También nosotros podemos caer en interpretaciones tan meticulosas de la ley y llegar a olvidar el amor. La “letra” puede matar al “espíritu”. La ley es buena y necesaria. La ley es, en realidad, el camino para llevar a la práctica el amor. Pero por eso mismo no debe ser absolutizada. El sábado –para nosotros el domingo– está pensado para el bien del hombre. Es un día en que nos encontramos con Dios, con la comunidad, con la naturaleza y con nosotros mismos. El descanso es un gesto profético que nos hace bien a todos, para huir de la esclavitud del trabajo o de la carrera consumista. El día del Señor también es día del hombre, con la Eucaristía como momento privilegiado.

Mirando nuestra realidad, con tantos cuestionamientos a las leyes,

¿Cómo vivimos nosotros nuestra obediencia a los mandamientos? ¿Descubrimos en ellos su profundidad y sentido? ¿Cómo los hacemos presente en nuestra vida?

Cuando las dificultades acechan nuestra vida, ¿Somos capaces de mantenernos firmes en la esperanza que nos trae Jesús?

Señor, deseo experimentar la libertad de los hijos de Dios, ilumíname para que nada me ate o me impida acercarme a ti. Amén.

Bendiciones

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