Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy lunes 17 de enero de 2022

Día litúrgico: Lunes 2 del tiempo ordinario

17 de Enero: San Antonio, abad

Texto del Evangelio (Mc 2,18-22): Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?” Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo. Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.

Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!”

Palabra del Señor.

Reflexión

En el Evangelio de hoy nos encontramos con un tercer motivo de enfrentamiento de Jesús con los fariseos: después del perdón de los pecados y la elección del publicano, ahora murmuran sorprendidos que Jesús no inculque la práctica del ayuno a sus discípulos y a los que le escuchan. Los argumentos que dan son más bien débiles y en realidad, su crítica se dirigía más a Jesús que a los discípulos.

Tomando como punto de partida la cuestión del ayuno, el mensaje transmitido por Jesús es lo nuevo que se inaugura en su persona, doctrina y conducta. El ayuno en cuestión es símbolo del Antiguo Testamento, del viejo estilo religioso. Al rechazarlo, declara Jesús que en los viejos moldes de la ley e instituciones mosaicas no puede vaciarse el nuevo espíritu del evangelio y del Reino de Dios, porque estos son el paño y el vino nuevos, incompatibles con el manto y los odres viejos. De hecho, Cristo no se empeñó en reformar la sinagoga y el viejo culto, sino que fundó el nuevo pueblo de Dios, la nueva comunidad cultual, el nuevo Israel, es decir, la Iglesia.

Como vemos en el discurso del monte, Jesús promueve un nuevo orden religioso y moral: el amor y la fraternidad frente al odio y la venganza, el espíritu de servicio en vez del poder y la explotación. Repetidas veces Cristo dijo no a lo viejo inservible, y así: frente a la religiosidad ritual y formulista, propone una religión en espíritu y en verdad; frente a la ley del mínimo obligatorio, la “ley” de las bienaventuranzas; frente al templo material de Jerusalén, el templo de su persona y la comunidad cristiana como templo de Dios por el Espíritu; frente a los sacrificios de animales de la antigua alianza, el sacrificio de sí mismo, realizado una vez en la cruz y actualizado constantemente en la Eucaristía para

la salvación del mundo.

Tenemos que dejar que actúe en nosotros y en nuestra comunidad el vino nuevo del Espíritu de Cristo, fermento de nuevas relaciones con Dios y los hermanos. San Pablo escribía a los fieles de Corinto: “Son una carta de Cristo, redactada por nuestro ministerio, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne del corazón… Dios nos capacitó para ser servidores de una nueva alianza: no basada en pura letra, porque la letra mata y, en cambio, el Espíritu da vida”.

¿Qué es más importante en nuestra vida cristiana: obedecer la voluntad de Dios o multiplicar rezos y sacrificios?

Señor, que el vino nuevo de tu Espíritu, fermento del Reino, haga reventar nuestros odres envejecidos, para que podamos asimilar la novedad del evangelio. Concédenos, Señor, movernos con la fiel libertad que dan el amor y la amistad contigo. Amén.

Bendiciones.

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