Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy miércoles 19 de enero 2022

Día litúrgico: Miércoles 2 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 3,1-6): Jesús entró en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo sanaba en sábado, con el fin de acusarlo.

Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: “Ven y colócate aquí delante”.

Y les dijo: “¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?”

Pero ellos callaron.

Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: “Extiende tu mano”. Él la extendió y su mano quedó sana.

Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con Él.

Palabra del Señor.

Reflexión

La escena de la curación por Jesús del hombre con un brazo paralizado sigue a la controversia sobre el sábado; de hecho, continúa la polémica. Si ayer eran los discípulos quienes, según los fariseos, violaban el sábado, hoy es Jesús mismo quien lo hace. Según la ley judía muchas cosas no se podían hacer en sábado, que era el día más dedicado al Señor. Los fariseos interpretaban que no se podía ni curar a los que sufrían alguna limitación y, por eso, “estaban al acecho” a ver si Jesús faltaba a la ley.

De nuevo Jesús quiere manifestar su postura de que la ley del sábado está al servicio del hombre y no al revés. Delante de sus enemigos que espían todas sus actuaciones, cura al hombre del brazo paralítico. Lo hace provocativamente en la sinagoga y en sábado. Pero antes pone a prueba a los presentes: ¿Se puede curar a un hombre en sábado? Era obvia la respuesta, pero por querer acusar a Jesús, callan. Y ante el silencio de todos, dice Marcos que Jesús les dirigió “una mirada de ira”, “dolido de su obstinación”.

Algunos, al encontrarse con frases de este tipo en el evangelio, tienden a hablar de la “santa ira” de Jesús. Pero aquí no aparece lo de “santa”. Sencillamente, Jesús se enfada, se indigna y se pone triste. Porque estas personas, encerradas en su interpretación estricta y exagerada de una ley, son capaces de quedarse mano sobre mano y no ayudar al que lo necesita, con la excusa de que es sábado. ¿Cómo puede querer eso Dios? Al verse puestos en evidencia, los fariseos quedaron tan ofuscados hasta el punto de ir a hacer tratos con los herodianos, sus enemigos naturales, para terminar con Jesús, ¡curiosa alianza!.

En su lucha contra la mentalidad legalista de los fariseos, ayer nos decía Jesús que “el sábado es para el hombre” y no al revés. Hoy aplica el principio a este caso concreto, contra la interpretación que hacían algunos, más preocupados por una ley minuciosa que del bien de las personas, sobre todo de las que sufren.

Junto con restituir la salud a este hombre, Jesús libera también el sábado de las cadenas con las cuales lo habían atado los maestros de la Ley y los fariseos, y le restituye su sentido verdadero: “día de comunión entre Dios y el hombre, día de liberación de la esclavitud, día de la salvación de las fuerzas del mal”. En Jesucristo, el sábado se abre ya al don del Domingo.

¿Es la ley el valor supremo? ¿O lo es el bien del hombre y la gloria de Dios? ¿Con nuestras acciones concretas expresamos realmente que la vida y dignidad de las personas son sagradas?

¡Señor Jesús, ilumínanos para amar, proteger, defender y promover el don de la vida. Sácanos de nuestra esclavitud y danos la libertad del amor orientada a la novedad del Reino de Dios!.

Bendiciones.

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