Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy viernes 10 de octubre de 2026

Día litúrgico: Viernes de la octava de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 21,1-14):

Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades.

Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “Vamos también nosotros”. Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.

Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era Él. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿tienen algo para comer?” Ellos respondieron: “No”. Él les dijo: “Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán”. Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: “¡Es el Señor!” Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.

Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: “Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar”. Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: “Vengan a comer”.

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres?”, porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.

Palabra del Señor.

Reflexión

El evangelio de hoy nos presenta uno mas de los encuentros del Resucitado con sus discípulos; se trata de la tercera aparición de Jesús a Pedro y otros discípulos reunidos junto al lago de Tiberíades. Desde este relato, hoy fijamos la mirada en estos “pescadores de hombres” que intentaron pescar toda la noche sin conseguir nada. ¿Cuántas veces en la vida nos empeñamos en hacer las cosas a nuestra manera? ¿Cuántas veces “tiramos las redes” y no obtenemos nada, nada de lo verdaderamente importante?.

Sin embargo, la historia no termina así… en algún momento llega Jesús – siempre llega – y nos habla… Lo importante es acoger su Palabra y convertirse a ella; así lo hicieron aquellos experimentados pescadores: que más allá de su lógica, obedecen a un extraño que manda hacer algo que contrasta con su experiencia. El resultado: Se encuentran con un banco abundante de peces; se encuentran con el mar de alegría y con el alimento que reconforta.

Es una equivocada creencia que a Jesús sólo se le puede encontrar en los templos o en los momentos de mucha intimidad dentro de la oración. Jesús, hombre de lucha y de fatiga, se hace presente en nuestros mismos lugares de trabajo. Aunque su presencia escapa a nuestra vista, su acción creadora está siempre lista para ayudarnos en nuestras labores diarias.

Así, a pesar de que nuestros esfuerzos no rindieron el fruto esperado, él hará aquello que para nosotros no fue posible. Sin embargo, debemos estar atentos pues, del mismo modo que dijo a los discípulos nos dice también a nosotros: tiren de nuevo las redes, pero del modo que yo les indico.

Cuando somos capaces de hacer nuestro trabajo de la manera que Jesús nos los indica, es decir, con generosidad, honradez, esfuerzo, la pesca es siempre abundante. Sin Jesús los pescadores no lograron nada, siguiendo su palabra, llenaron la barca. Ese es el Cristo en quien creemos y a quien seguimos: el Resucitado que se nos aparece misteriosamente en la Eucaristía, no nos prepara pan y pescado, sino que nos da su Cuerpo y su Sangre, hace eficaz nuestra jornada de pesca y nos invita a comer con Él y a descansar junto a Él. Podemos sentirnos contentos: “Dichosos los invitados a la Cena del Señor”.

¿Qué estamos haciendo hoy, para reconocer, escuchar y obedecer al Señor, que nos invita a hechar de nuevo las redes después de una jornada infructuosa?

Señor Jesús, que nos ofreces el alimento de la Eucaristía y nos hablas por medio de tu Palabra, danos la gracia de ser fieles a tu amor en el servicio a los demás. Amén.

¡Cristo ha Resucitado! ¡Verdaderamente ha Resucitado!

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