Día litúrgico: Lunes 21 del tiempo ordinario
25 de agosto: San Luis, rey de Francia
Texto del Evangelio (Mt 23,13-22):
Jesús habló diciendo: ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran.
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para conseguir un prosélito, y cuando lo han conseguido lo hacen dos veces más digno del infierno que ustedes!
¡Ay de ustedes, guías ciegos, que dicen: «Si se jura por el santuario, el juramento no vale; pero si se jura por el oro del santuario, entonces sí que vale»! ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro o el santuario que hace sagrado el oro?
Ustedes dicen también: «Si se jura por el altar, el juramento no vale, pero vale si se jura por la ofrenda que está sobre el altar». ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar que hace sagrada esa ofrenda?
Ahora bien, jurar por el altar, es jurar por él y por todo lo que está sobre él. Jurar por el santuario, es jurar por él y por Aquél que lo habita. Jurar por el cielo, es jurar por el trono de Dios y por Aquél que está sentado en él.
Palabra del Señor.
Reflexión
En el evangelio de hoy Jesús arremete contra los escribas y fariseos, dirigiéndoles fuertes y duras criticas por llevar una fe fingida e inconsecuente. Tratan de aparentar ante los demás, demostrando conocer la ley y anunciándola, pero para vivirla le hacen sus propias «acomodaciones», dejando sin efecto los mandamientos de Dios. El tono empleado por Jesús es impactante y negativo. Quiere provocar reflexión y respuesta.
El pasaje de hoy es el comienzo de las siete advertencias o “ayes” de Jesús contra los líderes religiosos de la época. Resulta notable la diferencia entre el evangelio y la primera lectura de hoy, tomada de la primera carta a los Tesalonicenses, en la que Pablo elogia y da gracias por la fe de los cristianos de Tesalónica, quienes han sabido mantenerse firmes en la “esperanza en Jesucristo”.
El Señor hoy está —diríamos— de malhumor, está justamente enfadado como pocas veces, con los guías que extravían al prójimo y le quitan el gusto del vivir y, finalmente, la vida. Los fariseos escondían su hipocresía en el “cumplimiento” estricto de la Ley, por encima de la justicia y el amor. Fariseos y escribas consiguen lo imposible: ¡marear a Dios y a la gente! Son de los que “no hacen” y, a la vez, “no dejan hacer”. “No hacen” lo que ellos mismos dicen que hay que hacer: dan mal ejemplo y a la vez, se inventan muchos ritos que Dios no pide.
Los fariseos persiguen a los individuos, y les “dan caza”, los hacen sus discípulos para llevarlos a su propia convicción religiosa; no a la de Dios, sino a la propia; con el fin de convertirlos no en hijos de Dios, sino del infierno. Su orgullo no eleva al cielo, no conduce a la vida, sino a la perdición. ¡Que error tan grave!
En este párrafo, se repite varias veces la palabra “ciegos”. Jesús denuncia a quienes se supone que tendrían que ver más claramente las cosas de Dios, pero están ciegos por su error. El Señor repetidamente ha intentado destapar las orejas y desvelar los ojos a los fariseos, pero dice el profeta Zacarías: «Ellos no pusieron atención, volvieron obstinadamente las espaldas y se taparon las orejas para no oír» (Za 7,11). Entonces, en el momento del juicio, el juez emitirá una sentencia severa: «¡Jamás los conocí; apártense de mí, agentes de iniquidad!»
Hay algo que queda claro en el evangelio de hoy y es que
pocas cosas hacían lamentar y enojar tanto a Jesús como la actitud de los fariseos. Pocas veces en el evangelio él se enojó tanto como ante estas situaciones. Pocas cosas seguramente también hoy hacen doler tanto el corazón de Jesús como el que nosotros repitamos aquellas mismas actitudes. ¿Cuáles? te preguntarás. Pues todas aquellas que brotan de la hipocresía, de la cerrazón del corazón, del orgullo que nubla y entorpece nuestro modo de obrar y pensar. Hipocresía hay en todos lados, de eso no hay duda, pero la peor hipocresía es la religiosa, la que surge de hombres y mujeres que dicen ser religiosos como los fariseos de esa época.
Tan relacionada quedó la hipocresía de los fariseos, que en el diccionario aparece la palabra «fariseísmo» casi como sinónimo de hipocresía. El fariseísmo es la actitud hipócrita que podemos tener todos.
Podríamos parafrasear los «ayes» que Jesús dirigía a los fariseos, pero dirigidos hoy a nosotros:
«¡Ay de nosotros los cristianos, que por haber recibido el don y el tesoro más grande que se podría desear, nos paseamos por el mundo pensando y sintiendo que nada tenemos que cambiar y que los malos son los de afuera!… ¡Ay de nosotros los cristianos de hoy, que sin darnos cuenta cerramos las puertas de la iglesia con nuestras actitudes, con nuestros gestos, con nuestra cerrazón a tantos necesitados que andan queriendo entrar atraídos por el Padre!…¡Ay de nosotros los cristianos, que profesamos nuestra fe personal y públicamente dando cátedra de amor, y después nos paseamos por el mundo sin amar o amando mal desde un pedestal!… ¡Ay de nosotros los cristianos, que nos golpeamos el pecho dentro de las iglesias y después somos capaces de vivir vidas paralelas!»
Apliquemos a nuestras vidas esta enseñanza divina. Nuestras buenas y malas acciones tienen siempre un doble impacto: uno, que recae sobre nosotros mismos, pues cada acción nos mejora o nos asola; el otro, teniendo en cuenta nuestra situación de adultos, padres, maestros, responsables bajo cualquier aspecto, cada uno de nuestros actos puede tener repercusiones, buenas o malas, insospechadas.
Jesús nos libre de la hipocresía y de la incapacidad para ver esto en nosotros mismos, «no hay peor ciego que el que no quiere ver». Pidamos ver, ver en serio para poder mirar en lo profundo de nuestro corazón y darnos cuenta que todos seguramente a veces pecamos de fariseísmo.
¿Buscamos acomodar el evangelio a nuestra «propia conveniencia» a fin de llevar una vida más cómoda? ¿Me identifico con alguna de las actitudes que Jesús critica a los fariseos? ¿Qué tendríamos que cambiar para dejar atrás nuestras cegueras?
Señor Jesús, ayúdanos con tu gracia a expresar nuestro seguimiento, evitando la separación entre fe y vida, la hipocresía y la inconsecuencia entre el pensar, el decir y el hacer. Así revelaremos a nuestros hermanos tu rostro verdadero. Amén.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza