Día litúrgico: Miércoles 19 del tiempo ordinario
13 de agosto: San Máximo el Confesor, abad
Texto del Evangelio (Mt 18,15-20):
Jesús dijo a sus discípulos: Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.
Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
También les aseguro que, si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, Yo estoy presente en medio de ellos.
Palabra del Señor.
Reflexión
Uno de los aspectos del amor que no es fácil de ejercitar, y que por ello con frecuencia se descuida, es el de la corrección fraterna que nos enseña Jesús. Frente a las faltas graves que pueden llevar a los demás a perder el cielo, tenemos el deber moral de corregirlos y a la vez dejarnos corregir cuando nosotros fallamos. Recordemos que desde nuestro bautismo tenemos una misión profética que cumplir que es la de «anunciar y denunciar».
La corrección parece ser una de las constantes de la pedagogía de Dios ya en el Antiguo Testamento. También en la comunidad de los primeros cristianos había faltas y comportamientos contrarios a la voluntad de Dios. Jesús corrige a sus discípulos y a Pedro en concreto. Pablo, en alguna ocasión, tiene que decir palabras fraternas de crítica incluso a Pedro.
Amar al prójimo no es siempre sinónimo de callar o dejarlo que siga por malos caminos, si en conciencia estamos convencidos de que es este el caso. Amar al hermano no solo es acogerlo o ayudarle en su necesidad o tolerar sus faltas: también, a veces, es saberle decir una palabra de amonestación y corrección para que no empeore en alguno de sus caminos. Al que corre peligro de extraviarse, o ya se ha extraviado, no se le puede dejar solo.
Jesús nos entrega el protocolo a seguir frente a las dificultades de convivencia que siempre estarán presentes dentro de la Iglesia durante la historia: «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano”. Qué bonita y leal es la relación de fraternidad que Jesús nos enseña! Ante una falta contra mí o hacia otro, he de pedir al Señor su gracia para perdonar, para comprender y, finalmente, para tratar de corregir a mi hermano. En última instancia, una vez que se han agotado todas las posibilidades, es necesario exponer el caso del hermano reticente a la comunidad.
Al corregir a un hermano que ha pecado siempre tengamos en cuenta la parábola de la basura en el ojo ajeno, pues en ella nos recuerda Jesús que la manera de corregir es siempre con gran amor y con mucho cuidado, como cuando queremos retirar de su ojo una basurita. Debemos buscar el momento y las palabras adecuadas con el fin de no lastimarlo. Rezar por el que ha fallado es una de las mejores maneras de ayudarle y, además, nos enseñará a adoptar el tono justo en nuestra palabra de exhortación, cuando tenga que decirse.
No se niega que la responsabilidad es de cada persona. Pero los hermanos deben asumir su parte de responsabilidad en la suerte de cada uno. Cuando un hermano ha fallado nuestra reacción no puede ser de indiferencia, como fue la actitud de Caín: «Soy acaso guardián de mi hermano?» Un guardia tiene que avisar. Un esposo o una esposa deben ayudar a su cónyuge a corregirse de sus defectos. Un padre no siempre tiene que callar respecto a la conducta y las costumbres que va adquiriendo su hijo. Ni el maestro o el educador permitirlo todo; ni un amigo desentenderse cuando ve que su amigo va por mal camino.
No es que nos vayamos a meter continuamente en los asuntos de otros, pero nos debemos sentir corresponsables de su bien. La pregunta de Dios a Caín nos la dirige también a nosotros: ¿Qué has hecho con tu hermano?
Esta corrección no la ejercitamos desde la agresividad y la condena inmediata, con métodos de espionaje o policíacos, echando en cara y humillando. Nos tiene que guiar el amor, la comprensión, la búsqueda del bien del hermano: tenderle una mano, dirigirle una palabra de ánimo, ayudarle a rehabilitarse.
Corrección fraterna entre amigos, entre esposos, en el ámbito familiar, laboral, en una comunidad religiosa, en la Iglesia. Siempre acompañada de la oración. Jesús garantiza que el Padre nos escuchará.
¿Somos caritativos al momento de corregir fraternalmente a nuestros hermanos o lo hacemos con actitudes arrogantes? ¿Encontramos que la corrección fraterna, es el mejor camino para solucionar los inconvenientes que se presentan en nuestras comunidades?
Señor Jesús, danos comprensión, paciencia y una permanente disposición al diálogo, ante los inevitables fallos humanos, propios y ajenos. Llena nuestros corazones de tu amor, para que cuando corrijamos a nuestros hermanos, lo hagamos con el ánimo de ayudarles a ser imagen y semejanza tuya. Amén.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza