Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy lunes 20 de enero de 2025

Día litúrgico: Lunes 2 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 2,18-22):

Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?” Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo. Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.

Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!”

Palabra del Señor.

Reflexión

En el Evangelio de hoy, vemos de cerca un enfrentamiento más entre Jesús y los judíos. Esta vez el conflicto es entorno a la práctica del ayuno, uno de los mejores exponentes de la religiosidad para el piadoso judío. Los argumentos suelen ser más bien débiles, pero muestran la oposición creciente de sus enemigos.

Los judíos ayunaban dos veces por semana, los Lunes y Jueves, dando a esta práctica un tono de espera mesiánica. También el ayuno del Bautista y sus discípulos apuntaba a la preparación de la venida del Mesías. Que Jesús no inculque esta práctica a sus discípulos y a los que le escuchan, sorprende a los discípulos de Juan y a los fariseos. Piensan que es una omisión importante en sus enseñanzas.

Jesús les da una razón fundamental: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?» (Mc 2,19). El esposo, según la expresión de los profetas de Israel, indica al mismo Dios, y es manifestación del amor divino hacia los hombres. Jesús está aquí declarando su divinidad: llama a sus discípulos «los amigos del esposo», los que están con Él, y así no necesitan ayunar porque no están separados de Él.

Si los discípulos de Jesús no ayunan es porque esta unión con Dios, a la que aspira toda la humanidad, ya se ha realizado. Está realizada en la persona de Jesús. Por eso, no es el momento de ayunar y entristecerse como si estuviéramos aún lejos de Dios, sino de celebrarlo y alegrarse. El novio está ya entre nosotros. La unión de Dios con nuestra pobre humanidad ya está realizada.

Estas palabras de Jesús nos invitan a pasar de una religión de prácticas humanas, muy dignas de respeto, a una religión de unión personal con el Hijo de Dios, a una religión centrada en el conocimiento de la persona de Jesús y en un deseo de parecernos cada vez más a Él en nuestra forma concreta de vivir. Esta unión con el Hijo de Dios es lo que celebramos sacramentalmente en la Eucaristía.

Además, la respuesta del Señor clarifica la relación entre Antigua y Nueva Alianza: el espíritu nuevo no será un remiendo añadido a lo viejo, sino el perfeccionamiento al que ya apuntaban las enseñanzas del Antiguo Testamento. No se niega ni se margina la Ley, sino que se lleva a cumplimiento su intrínseca expectativa. El «nuevo Moisés» será el mediador de una Alianza superior a la que Moisés podía traer del Sinaí…

Entre los que escuchaban al Señor, la mayoría serían pobres y sabrían de remiendos en vestidos; habría vendimiadores que sabrían lo que ocurre cuando el vino nuevo se echa en odres viejos. Les recuerda Jesús que han de recibir su mensaje con espíritu nuevo, que rompa el conformismo y la rutina de las almas avejentadas, que lo que Él propone no es una interpretación más de la Ley, sino una vida nueva.

El vino nuevo implica actitudes nuevas, maneras de pensar propias de Cristo, que no coinciden con las de este mundo. Son cambios de mentalidad, profundos. No de meros retoques externos. En muchos aspectos son incompatibles el traje de este mundo y el de Cristo. Por eso cada domingo vamos a escuchar, en la Misa, la doctrina nueva de Jesús y a recibir su vino nuevo.

¿Qué valor y qué sentido tiene para nosotros los cristianos, privarnos de algo que en sí mismo es bueno y útil para nuestro sustento, como el alimento? ¿Cómo vivo la alegría del evangelio? ¿Soy profeta de alegría en medio de los problemas de hoy?

Señor, haz que el vino nuevo del Espíritu, fermento del Reino, reviente nuestros odres envejecidos por la rutina, para que podamos asimilar la novedad del Evangelio. Concédenos movernos con la fiel libertad que dan el amor y la amistad contigo. Amén.

Bendiciones.

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