Día litúrgico: Martes 2 del tiempo ordinario
21 de enero: Santa Inés, virgen y mártir
21 de enero: San Fructuoso, obispo y mártir, y santos Augurio y Eulogio, diáconos y mártires
Texto del Evangelio (Mc 2,23-28):
Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le dijeron: “¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?”
Él les respondió: “¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en el tiempo del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes?”
Y agregó: “El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. De manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado”.
Palabra del Señor.
Reflexión
Si Ayer el motivo del altercado fue el ayuno. Hoy, una institución intocable del pueblo de Israel: el sábado. El recoger espigas era una de las treinta y nueve formas de transgredir el sábado, según las interpretaciones exageradas que algunas escuelas de los fariseos hacían de la ley. ¿Es lógico criticar que en sábado se tomen unas espigas y se coman? Jesús aplica un principio fundamental para todas las leyes: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”.
Jesús pone como argumento la escena en que David come y da de comer a sus soldados hambrientos los “panes presentados”, de alguna manera sagrados. Una cosa es obedecer a la ley de Dios y otra, caer en una casuística tan caprichosa que incluso pasa por encima del bien del hombre. El hombre está siempre en el centro de la doctrina de Jesús. La ley del sábado había sido dada precisamente a favor de la libertad y de la alegría del hombre (cf. Dt 5, 12-15).
Además, Jesús lanza valientemente una de aquellas afirmaciones suyas que tan nerviosos ponían a sus enemigos: “El Hijo del hombre es señor también del sábado”. No es que Jesús haya venido a abolir la ley, pero sí a darle pleno sentido.
La actitud de los fariseos no nos resulta extraña. Es muy fácil ponerse a la orilla del camino y criticar lo que hacen los demás. Para Jesús sólo hay un criterio: amar. Todo lo demás es superfluo, incluso algunas leyes religiosas que, siendo buenas, no son esenciales.
El legalismo exagerado puede matar el espíritu cristiano. Por encima de todo debe prevalecer la misericordia y el amor. Muchas veces podemos haber experimentado la religión como una carga pesada que hay que llevar y no en una conexión profunda con nuestra esencia que es Dios.
Jesús, con sus gestos y palabras, buscó liberar a su pueblo de una religión que esclavizaba más que liberaba, que oprimía más que daba vida. Nada que no está en favor de la vida, así se haga en nombre del mismo Dios, puede contradecir la opción por la vida.
Las expectativas religiosas de los letrados y fariseos no encajaron con la propuestas de Jesús. ¿Mis expectativas sintonizan con las de Jesús que nos propone una novedosa manera de vivir? ¿Nos apegamos con facilidad a normas, horarios, tradiciones que impiden el libre desarrollo de la persona?
Señor Jesús, concédenos, vivir nuestra fe en todo tiempo y lugar, para que santificando tu día en el culto y en la caridad, liberados de la servidumbre del trabajo y del pecado, podamos celebrar contigo tu eterno día de fiesta. Amén.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza