Día litúrgico: Lunes 27 del tiempo ordinario
7 de octubre: La Virgen del Rosario
Texto del Evangelio (Lc 10,25-37):
El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”.
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”.
María dijo al Ángel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relación con ningún hombre?”
El Ángel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”.
María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra”.
Y el Ángel se alejó.
Palabra del Señor.
Reflexión
Hoy celebramos a María Santísima bajo la advocación de «Nuestra Señora del Rosario». Esta fiesta fue instituida por el Papa san Pío V el 7 de Octubre, aniversario de la victoria obtenida por los cristianos en la Batalla naval de Lepanto en el año 1571. Si bien las fuerzas turcas eran muy poderosas, los cristianos obtuvieron la victoria por la intercesión de María y el rezo del Santísimo Rosario.
¿Qué mejor manera de honrar a nuestra Madre que rezar el Rosario? ¡Tantas veces Ella misma se ha aparecido con “rosario en mano”! ¡A Ella le gusta! ¿Por qué? La razón es la siguiente: aunque pueda parecer que el rezo del Rosario es una manifestación de piedad mariana (desde luego, ¡lo es!), sin embargo, su fundamento es cristológico. Dicho llanamente: el protagonista del Santo Rosario es Jesucristo mismo, el Hijo de Dios nacido de María Santísima. Los diversos misterios del Rosario, son como “fotografías” de momentos emblemáticos de la vida de Jesús vistos desde la mirada de María.
Los misterios que meditamos al rezar el Santo Rosario, son misterios de Cristo. Con razón, el papa San Pablo VI dijo del Rosario que «es un compendio del Evangelio». Además, el “Avemaría” —reiterada alrededor de cada uno de esos misterios— contiene en su mismo corazón el nombre de Jesús. María es bendita entre todas las mujeres porque es bendito el fruto de su vientre: ¡Jesús!
La escena de la anunciación a María, una de las más hermosas y significativas del evangelio, la leemos varias veces al año, pero siempre nos parece expresiva e interpelante para nosotros, en la historia de la salvación.
Esta iniciativa de Dios encuentra la respuesta de una humilde jovencita de Israel, que ha sido la elegida, la llena de gracia, que se muestra plenamente abierta a la Palabra y disponible para la misión encomendada.
Hay quienes pueden caer en la más profunda oscuridad, presas del mal. Gracias a Dios, hay otros que nos recuerdan que de allí se puede salir si tomamos fuerte la mano de María, como Bartolo Longo. Él la amó tanto a través del rezo del Rosario que San Juan Pablo II lo llamó “el hombre de la Virgen”.
La celebración de este día es una invitación para todos a meditar los misterios de Cristo, en compañía de la Virgen María, que estuvo asociada de un modo especialísimo a la encarnación, la pasión y la gloria de la resurrección del Hijo de Dios. Hoy, no estamos invitados a conmemorar un acontecimiento lejano, sino a descubrir el lugar de María en el misterio de la salvación.
Reina del Santísimo Rosario, Tú que eres la Hija del Padre Celestial, la Madre del Hijo Divino, la Esposa del Espíritu Santo. Tú que todo lo puedes ante la Trinidad Santísima, solicita para mí esta gracia tan necesaria, si no es obstáculo a mi eterna Salvación. Te lo pido por el corazón de tu Glorioso Jesús, por los nueve meses que le llevaste en tu seno, por los trabajos de su vida unida siempre con tus amarguras, por su pasión acerba, por su muerte de Cruz, por el nombre Santísimo de Jesús, por su preciosa sangre. Te lo pido en fin por tu dulcísimo corazón y en tu nombre glorioso, Confío en Ti, todo lo espero de Ti, Tú me has de salvar.
Nuestra Señora del Rosario ¡Ruega por nosotros! Amén.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza