Día litúrgico: Miércoles 8 del tiempo ordinario
29 de Mayo: San Pablo VI, papa
Texto del Evangelio (Mc 10,32-45):
Mientras iban de camino para subir a Jerusalén, Jesús se adelantaba a sus discípulos; ellos estaban asombrados y los que lo seguían tenían miedo. Entonces reunió nuevamente a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: “Ahora subimos a Jerusalén; allí el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos: ellos se burlarán de Él, lo escupirán, lo azotarán y lo matarán. Y tres días después, resucitará”. Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: “Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir”.
Él les respondió: “¿Qué quieren que haga por ustedes?” Ellos le dijeron: “Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria”.
Jesús les dijo: “¡No saben lo que piden! ¿Pueden beber el cáliz que Yo beberé y recibir el bautismo que Yo recibiré?” “Podemos”, le respondieron.
Entonces Jesús agregó: “Ustedes beberán el cáliz que Yo beberé y recibirán el mismo bautismo que Yo. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados”.
Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos. Jesús los llamó y les dijo: “Ustedes saben que aquéllos a quienes se considera gobernantes dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande que se haga servidor de ustedes, y el que quiera ser el primero que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”.
Palabra del Señor.
Reflexión
El evangelio de hoy se enmarca en el tercer anuncio de la pasión y resurrección de Jesús. La aproximación de Jesús a Jerusalén y su escandalosa profecía a los discípulos deben fortalecer nuestra esperanza, al menos eso podríamos captar por la forma como Jesús les habla, pues la comprensión total de su misterio pascual se convierte en esperanza legítima cuando como creyentes confiamos de un modo firme en vivir para siempre, pues la muerte y el mal no tendrán la última palabra. Podemos, además, descubrir que, como a los discípulos, lo que nos asombra y causa miedo se convertirá en motivo de nuestra confianza, dado que cuando aspiramos justificadamente a existir para siempre, la esperanza humana trasciende a la muerte y rebasa los límites temporales de la existencia.
No obstante, bajo las circunstancias más favorables, esta etapa del camino que desembocará en la muerte y resurrección parece introducir en nuestra vida creyente un sentimiento de división interior y quizá por eso Santiago y Juan prefirieron cambiar de tema y pedir al Señor puestos de mando, olvidando el sentido de la entrega en favor de todo prójimo. Los discípulos no siempre comprendieron el plan amoroso del Señor para sus vidas y se dejaron vencer por la tentación de querer grandeza y poder. Ser discípulos de jesus es comprender y asumir que el camino de la gloria es el camino del servicio generoso que pasa por la cruz.
Como los discípulos, una de nuestras tendencias naturales, es el buscar los primeros lugares y el aprovechar cualquier situación para que la gente nos rinda honores. Sin embargo, la invitación de Jesús para sus seguidores es contraria a ésta: «El que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos». No se trata de mandar sino de servir. Este es el único camino que nos puede hacer grandes. Esto no lo dice Jesús simplemente porque sabe que es así, sino porque lo ha experimentado en su vida haciéndose una vez más Maestro de vida.
Si verdaderamente queremos ser auténticos discípulos del Señor, debemos renunciar a nuestros privilegios y tomar el papel del servidor. Renunciar al privilegio de ser papá, mamá, hermano mayor, jefe, gobernante, sacerdote; implica reconocer que no somos más que los demás, que los otros por pequeños o subordinados que sean, tienen también derechos y, sobre todo, que es para ellos para quienes Dios nos ha dado esta responsabilidad y nos ha puesto en esa posición.
Si entendemos con el corazón lo que Jesús nos ha dicho hoy y lo ponemos en práctica no tardará en brillar en nosotros el fruto de la humildad, la cual siempre viene acompañada de paz y dulzura.
Santiago y Juan pidieron el primer puesto en el Reino. Hoy mucha gente reza a Dios pidiendo dinero, promoción, sanación, éxito. Yo, ¿qué es lo que busco en mi relación con Dios y qué le pido en la oración? ¿Nuestra oración es una conversación amorosa con el Padre o una lista de peticiones y demandas?
Pidamos al Señor que nos ayude a dejar a un lado los egoísmos, el ansia por destacar, y que aprendamos a ser siervos de los siervos de Dios.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza