Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy lunes 29 de septiembre de 2024

Día litúrgico: 29 de septiembre: Los santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

Texto del Evangelio (Jn 1,47-51):

Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: “Éste es un verdadero israelita, un hombre sin doblez”. “¿De dónde me conoces?”, le preguntó Natanael.

Jesús le respondió: “Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera”. Natanael le respondió: “Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel”. Jesús continuó: “Porque te dije: «Te vi debajo de la higuera”, crees. Verás cosas más grandes todavía”.

Y agregó: “Les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”.

Palabra del Señor.

Reflexión

Hoy celebramos la fiesta de los Arcángeles San Miguel, Gabriel y Rafael. Los tres nombres de los Arcángeles terminan con la palabra «El», que significa «Dios». Así, pues, Dios está inscrito en sus nombres, en su naturaleza. Su ser es estar «en Él» y «para Él». Además, son sus «mensajeros»: llevan a Dios a los hombres; abren el cielo y, así, abren la tierra.

En la fiesta de los Santos Arcángeles, Jesús manifiesta a sus Apóstoles y a todos nosotros, la presencia de sus ángeles y la relación que con Él tienen. Los ángeles están en la gloria celestial, donde alaban continua y eternamente al Hijo del hombre, que es el Hijo de Dios. Lo rodean y están a su servicio.

Desde el Paraíso del Génesis hasta aquél del Apocalipsis, los ángeles, llenan de su presencia invisible, el desarrollo de la historia de la salvación. Son mensajeros del Señor para revelar sus designios y llevar sus órdenes, se constituyen como la inmensa muchedumbre de los adoradores del Dios vivo.

Este «Subir y bajar» del que habla Jesús a Natanael, nos recuerda el episodio del sueño del Patriarca Jacob, quien dormido sobre una piedra durante su viaje a la tierra de origen de su familia, ve a los ángeles que “bajan y suben” por una misteriosa escalera que une el cielo y la tierra, mientras Dios mismo está de pié junto a él y le comunica su mensaje. Notemos la relación entre la comunicación divina y la presencia activa de los ángeles.

Así, Gabriel, Miguel y Rafael aparecen en la Biblia como presentes en las vicisitudes terrenas y llevando a los hombres —como nos dice san Gregorio el Grande— las comunicaciones, mediante su presencia y sus mismas acciones, que cambian decisivamente nuestras vidas. Se llaman, precisamente, “arcángeles”, es decir, príncipes de los ángeles, porque son enviados para las más grandes misiones.

Miguel, significa «¿Quién como Dios?». Es un nombre que indica su poder de recordar a los hombres la grandeza de Dios, contra el orgullo de quien quiere ponerse en el lugar de Dios. Miguel lucha contra los ángeles rebeldes y los expulsa del cielo (Ap 12, 7-8). Nos anuncia, así, el misterio de la justicia divina, que también se ejerció en sus ángeles cuando se rebelaron, y nos da la seguridad de su victoria y la nuestra sobre el mal.

Gabriel, significa «Fortaleza de Dios». Es el ángel que anuncia lo que hará el Señor. Encontramos a este ángel en el libro de Daniel y en el evangelio de Lucas. Él es quien anuncia a Zacarías el nacimiento de su hijo Juan y a María su elección como madre del Mesías. (Lc 1, 19.26-27).

Rafael, significa «Medicina de Dios». Él es el protagonista del libro de Tobías. Guía a Tobías por caminos impracticables y dificiles. Acompaña y cura su vida y la de sus seres queridos. (Tob 12, 15). Estos Arcángeles son tres personajes emblemáticos, al servicio de la providencia de Dios.

Los ángeles, con su «subir y bajar» muestran la constante presencia del Señor en nuestra vida. Está fuera de lugar, pues, aquel miedo que puede nacer en los creyentes ante la casualidad o ante las fuerzas oscuras de la naturaleza. El Señor no nos abandona. Él nos rodea con sus ángeles para que nada pueda apartarnos de Él y dejarnos a merced de las fuerzas del mal.

Esta fiesta nos invita a dar gracias a Dios por la cercanía que nos hace a través de estos seres misteriosos, y nos estimula a ser como ellos. A ayudar a todos en la lucha contra el mal. A ser propagadores de las “buenas noticias” de Dios para gozo y esperanza de todos. Y a curar las heridas y las cegueras de cuantos nos rodean.

¿Hemos reflexionado alguna vez en el cuidado que Dios tiene de nosotros a través de estos servidores incondicionales de sus designios de amor? ¿Los hemos tenido en cuenta en nuestra vida de fe? ¿Somos portadores de alegría, paz y armonía para los que nos rodean?

Padre Santo, manifiesta tu Providencia a través de tus Santos Árcángeles. Protégenos del maligno, ayúdanos a comprender tu palabra y concédenos la salud del cuerpo y del espíritu. Amén.

Bendiciones.

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