Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy miércoles 27 de agosto de 2025

Día litúrgico: Miércoles 21 del tiempo ordinario

27 de agosto: Santa Mónica

Texto del Evangelio (Mt 23,27-32):

Jesús habló diciendo: ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que parecen sepulcros blanqueados: hermosos por fuera, pero por dentro llenos de huesos de muertos y de podredumbre!

Así también son ustedes: por fuera parecen justos delante de los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que construyen los sepulcros de los profetas y adornan las tumbas de los justos, diciendo: “Si hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no nos hubiéramos unido a ellos para derramar la sangre de los profetas”! De esa manera atestiguan contra ustedes mismos que son hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmen entonces la medida de sus padres!

Palabra del Señor.

Reflexión

Hoy la Iglesia celebra a Santa Mónica, madre de san Agustín, cuya fiesta celebramos mañana. Cuando Agustín perdió la fe, las lágrimas de Mónica subieron hasta Dios como una oración silenciosa. Por eso, la conversión de su hijo la llenó de alegría y sintió que ya no tenía nada más que esperar en esta tierra. Murió en Ostia Tiberina (Italia) el año 387, cuando se preparaba para volver a África, su tierra natal.

El Evangelio nos presenta dos acusaciones más de Jesús contra los fariseos que montan externamente un «show» de perfección religiosa hasta el más mínimo detalle, sin embargo, el interior de sus corazones y mentes están llenas de orgullo, odio y desprecio. Con ellas termina este duro discurso nada halagador para las clases dirigentes de Israel.

Según Jesús, esos letrados y fariseos hipócritas se parecen a “sepulcros blanqueados”, por fuera “con buena apariencia”, pero por dentro “llenos de podredumbre” Jesús sigue reprendiendo el pecado de hipocresía: «aparecer por fuera lo que no se es por dentro». Lo que le indigna a Jesús hasta el punto de sacarle de sí, no son los escribas y fariseos por si mismos, sino que hayan hecho de la hipocresía su modo habitual de vivir.

A Jesús le molestan las personas que cuidan su buena opinión ante los demás, pero en su interior están llenos de maldad. ¿Se nos podría atribuir algo de esto a nosotros? ¿No andamos preocupados por lo que los demás piensan de nosotros, cuando lo que tendríamos que trabajar es en mejorar nuestro interior, en la presencia de Dios, a quien no podemos engañar?.

Recordemos que el Señor nos conoce a todos, conoce nuestros corazones y nuestros más íntimos pensamientos. El salmo 138 nos recuerda que estamos ante la mirada penetrante de Dios: “¡Señor, tú me sondeas y me conoces!…¿a dónde iré lejos de tu aliento, a dónde escaparé de tu mira

También conviene que nos evaluemos en el otro aspecto que Jesús denuncia: ¿Somos de las personas que de palabra, se distancian de los malos, como los fariseos de sus antepasados que decían: “nosotros no hubiéramos hecho eso de ninguna manera”?. En realidad a veces somos tan malos o peores que ellos, cuando nos vemos a nosotros mismos con un comportamiento o un nivel más alto que el de otros.

Jesús nos advierte que todos podemos caer en la tentación de creernos mejores que nuestros antepasados y caer en los mismos errores. Escribas y fariseos conocían como los profetas habían sido perseguidos y hasta martirizados en Israel, porque con palabras verdaderas predicaban la conversión haciendo volver los corazones a Dios. A nadie le agrada ser corregido y, sin embargo, Jesús nos enseña a agradecer esa corrección, porque nos conduce al buen camino. Esa es la tarea del profeta, y la de todo bautizado.

Es bueno que Recordemos siempre esta jaculatoria: «Somos pecadores» y que debemos confiarnos siempre a la misericordia amorosa de Dios, para que el ojo de nuestro corazón vea claro y para que nos demos cuenta de las inconsistencias que hay entre nuestros pensamientos y nuestras acciones.

La hipocresía es la actitud de quien convierte la verdad en apariencia, el ser en aparentar. El ser humano se realiza en el interior del hombre, allí está su verdad: en sus sentimientos, en sus intenciones; las manifestaciones externas, incluso las religiosas, no tienen valor en sí mismas, si no responden al mundo interior propio. Somos como los fariseos cuando hacemos las cosas para que nos vean y nos alaben, si damos más importancia al parecer que al ser, si reducimos nuestra vida de fe a solo ritos externos, sin coherencia en nuestra conducta.

¿Sería muy exagerado tacharnos de sepulcros blanqueados? ¿Cuál es la imagen de mí mismo(a) que trato de presentar a los otros? ¿Corresponde a lo que soy de hecho ante Dios?.

Pidamos hoy perdón al Señor por todas nuestras hipocresías y también su ayuda, para que nuestra vida exterior sea un reflejo de lo que hay en nuestro corazón. Que nuestras palabras expresen siempre lo que pensamos y que nuestras acciones hablen de la fe que profesamos.

Bendiciones.

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