Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy lunes 28 de junio de 2025

Día litúrgico: Lunes 17 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 13,31-35):

Jesús propuso a la gente esta parábola: “El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, ésta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas”.

Después les dijo esta otra parábola: “El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa”.

Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin ellas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: «Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo».

Palabra del Señor.

Reflexión

En el evangelio de hoy Jesús utiliza dos parábolas para evocar y explicar la dinámica del Reino de Dios: la semilla de mostaza y la levadura. Ambas nos recuerdan que Dios actúa desde lo pequeño, lo débil y cotidiano. La vida y la enseñanza de Jesús se guiaron por esta manera de concebir la acción de Dios. Esto implica una nueva forma de pararnos frente a la realidad.

Los discípulos, formados en la tradición judía, esperaban que el Mesías inaugurase el Reino de Dios, o el reinado del nuevo rey David, como un reino más fuerte, más alto y poderoso que los cedros del Líbano. Esperaban un Mesías poderoso, que doblegase a los malos, sometiese a los poderosos y liberarse a Israel de todo yugo extranjero y para siempre. Jesús les presenta, en cambio, un Mesías humilde, como la más pequeña de las semillas, como una energía semejante a un poquito de levadura, pero que transforma una gran cantidad de harina. El Reino de los cielos transforma a las personas sin forzar ni someter a nadie, sino cambiando nuestro corazón, dándonos un corazón nuevo, según el plan de nuestro Padre Dios.

Estas parábolas nos invitan a la confianza, porque Dios está siempre presente y actúa en medio de la historia humana. Él está allí, actuando, tiene la fuerza de la semilla que crece y la potencialidad de la levadura que fermenta. No nos dejemos desalentar por las apariencias de fracaso o de lentitud: la Iglesia sigue creciendo en silencio, con la fuerza de Dios. Un árbol seco que cae estrepitosamente hace mucho ruido, y puede provocar un escándalo en la Iglesia. Fijémonos más bien en tantos y tantos árboles que, silenciosamente, viven y están creciendo.

Abunda más el bien que el mal, aunque este se vea más. Estamos destinados a crecer y a producir fruto, a ser levadura en el ambiente en que vivimos, ayudando a este mundo a transformarse en un cielo y en una tierra nueva.

La obra de Dios siempre empieza con poco. Nuestra evangelización empezó con sólo doce hombres que, actuando como levadura, llegaron a impregnar a toda la sociedad con los valores del Reino. Tú y yo, a pesar de nuestra pequeñez y miseria, podemos ser también los elementos para que el Reino llegue a abarcarlo todo. ¡Ánimo!

¿Favorecemos el crecimiento del Reino de Dios en nosotros y en nuestras comunidades mediante la escucha atenta y efectiva de la Palabra y el cultivo de la vida sacramental? ¿Será que nuestra fe está estancada y por ello produce poco?

Señor Jesús, haz que el Reino de los Cielos, que crece en nuestros corazones, se manifieste cada día en obras buenas realizadas a los demás, especialmente a nuestros hermanos que más sufren. Amén.

Bendiciones

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