Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy viernes 18 de julio de 2025

Día litúrgico: Viernes 15 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 12,1-8):

Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.

Al ver esto, los fariseos le dijeron: “Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado”. Pero Él les respondió: “¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes?

¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta? Ahora bien, Yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo. Si hubieran comprendido lo que significa “prefiero la misericordia al sacrificio”, no condenarían a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado”.

Palabra del Señor.

Reflexión

El Evangelio de hoy nos relata uno de los muchos enfrentamientos de los fariseos con Jesús. En esta ocasión reprochan a Jesús que sus discípulos hagan en sábado lo que no está permitido por la ley, pues yendo de camino, cuando sintieron hambre «se pusieron a arrancar espigas y a comerse los granos». El recoger espigas era una de las treinta y nueve formas de transgredir el sábado, según las interpretaciones exageradas que algunas escuelas de los fariseos hacían de la ley.

La observancia del sábado es un elemento clave en la religiosidad judía, la Sagrada Escritura lo destaca en el relato de la Creación y también en las formulaciones del Decálogo; en la Biblia queda claro que el precepto sabático prohíbe el trabajo en este día, pero no especifica qué o cuáles trabajos están prohibidos; por esta razón los rabinos judíos habían elaborado una compleja y minuciosa casuística de todos y cada uno de los trabajos que no se podían hacer en sábado; se preocupaban de cada detalle, cuanto se puede caminar, que se puede hacer en la casa, hasta discutían si se podía cargar un pañuelo en la mano, ya que también estaba prohibido llevar cargas.

¿Es lógico criticar que en sábado se tomen unas espigas y se coman?  En su respuesta a los fariseos, Jesús aplica un principio fundamental para todas las leyes: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”. Jesús pone como argumento la escena en que David come y da de comer a sus compañeros hambrientos los “panes presentados”, de alguna manera sagrados. Además los confronta recordándoles las excepciones de la ley, por ejemplo las que eximían a los sacerdotes del cumplimiento de algunas normas cuando estaban en el ejercicio de sus funciones en el templo; de manera que si el Templo dispensa de la Ley del descanso, ¿por qué no dispensar de una norma que impide la caridad?

Una cosa es obedecer a la ley de Dios y otra, caer en una casuística tan caprichosa que incluso pasa por encima del bien del hombre. El hombre está siempre en el centro de la doctrina de Jesús. La ley del sábado había sido dada precisamente a favor de la libertad y de la alegría del hombre (cf. Dt 5, 12-15).

Además, Jesús lanza valientemente una de aquellas afirmaciones suyas que tan nerviosos ponían a sus enemigos: “El Hijo del hombre es señor también del sábado”. No es que Jesús haya venido a abolir la ley, pero sí a darle pleno sentido. Si todo hombre es superior al sábado, mucho más el Hijo del Hombre, el Mesías.

La actitud de los fariseos no nos resulta extraña. Es muy fácil ponerse a la orilla del camino y criticar lo que hacen los demás. Para Jesús sólo hay un criterio: amar. Todo lo demás es superfluo, incluso algunas leyes religiosas que, siendo buenas, no son esenciales.

El legalismo exagerado puede matar el espíritu cristiano. Por encima de todo debe prevalecer la misericordia y el amor. Muchas veces podemos haber experimentado la religión como una carga pesada que hay que llevar y no en una conexión profunda con nuestra esencia que es Dios.

Jesús, con sus gestos y palabras, buscó liberar a su pueblo de una religión que esclavizaba más que liberaba, que oprimía más que daba vida. Nada que no está en favor de la vida, así se haga en nombre del mismo Dios, puede contradecir la opción por la vida.

Hoy Jesús nos invita a vivir en la libertad de los hijos de Dios, a poner por encima de todo el amor y la misericordia: “Misericordia quiero y no sacrificios” Repítelo muchas veces para que se grabe en tu corazón, porque Dios, que es rico en misericordia, nos quiere misericordiosos.

Las expectativas religiosas de los letrados y fariseos no encajaron con las propuestas de Jesús. ¿Mis expectativas sintonizan con las de Jesús que nos propone una novedosa manera de vivir? ¿Nos apegamos con facilidad a normas, horarios, tradiciones que impiden el libre desarrollo de la persona? ¿Cuál es el verdadero culto que Dios espera de mí: la misericordia o el rígido cumplimiento de la ley?

Señor Jesús, nuestro único maestro, danos la gracia de comprender que no hay nada más importante que el amor a Dios y a los hermanos. Amén.

Bendiciones.

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