Día litúrgico: Jueves 28 del tiempo ordinario
17 de octubre: San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir
Texto del Evangelio (Lc 11,47-54):
Jesús dijo a los fariseos y a los doctores de la Ley: “¡Ay de ustedes, que construyen los sepulcros de los profetas, a quienes sus mismos padres han matado! Así se convierten en testigos y aprueban los actos de sus padres: ellos los mataron y ustedes les construyen sepulcros.
Por eso la Sabiduría de Dios ha dicho: «Yo les enviaré profetas y apóstoles: matarán y perseguirán a muchos de ellos». Así se pedirá cuenta a esta generación de la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la creación del mundo: desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que fue asesinado entre el altar y el santuario. Sí, les aseguro que a esta generación se le pedirá cuenta de todo esto.
¡Ay de ustedes, doctores de la Ley, porque se han apoderado de la llave de la ciencia! No han entrado ustedes, y a los que quieren entrar, se lo impiden”.
Cuando Jesús salió de allí, los escribas y los fariseos comenzaron a acosarlo, exigiéndole respuesta sobre muchas cosas y tendiéndole trampas para sorprenderlo en alguna afirmación.
Palabra del Señor.
Reflexión
Hemos escuchado seis “¡ayes!” de Jesús contra los fariseos y maestros de la Ley, en que les echa en cara la actitud hipócrita de su comportamiento, pues se preocupan más por la apariencia que en llevar una vida coherente con lo que predicaban, pues los escribas imponían al pueblo cargas pesadas, es decir, preceptos, casi imposibles de cumplir, y, sin embargo, ellos no ayudaban lo más mínimo.
Jesús les recuerda la actitud reincidente del Pueblo de Israel, que olvidaba la alianza que Dios había establecido con ellos, y ese era el motivo por el cual el Señor enviaba hombres que les recriminaban la actitud y les invitaban a volver su rostro hacia Dios, y que, en muchas ocasiones, fueron maltratados e incluso asesinados, y posteriormente los herederos levantaron mausoleos a los profetas, pero sin alejarse de la actitud de sus antepasados. Por todo eso les recrimina advirtiéndoles que a ellos se les reclamará por la sangre de los profetas desde la creación del mundo. También les echa en cara que estos juristas que se han erigido como sabios de la ley, actúan como el “perro del hortelano” que no han sido capaces de entrar en el Reino de Dios y han cerrado el paso a los que intentaban entrar.
El lenguaje es fuerte e interpelante también para nosotros los lectores de Lucas hoy, que afirmamos y profesamos con desenvoltura que son los designios de Dios los que nos guían. Consecuentemente, cada día se nos exige realizar la misión que Él nos propone en justicia y santidad. Esta realización cuesta trabajo, exige acción, nos provoca una lucha interna que reclama coherencia entre el decir y el hacer, que demanda la superación de todo formalismo legal, aunque solicite sacrificios.
Los “¡ayes!” de Jesús, se nos convierten en una exigencia grande, que jamás se interrumpe, que requiere discernimiento para la cual, rara vez, estamos en realidad a la altura. Ser auténticos creyentes, cristianos, personas buenas y justas, significará que siempre procuremos realizar con la gracia de Dios lo que la comunidad exige para, de esta forma, tender hacia la plenitud y perfección exigidas por Dios y por la comunidad.
Jesús insiste siempre en la limpieza de corazón, no hay que aparentar una cosa, cuando se actúa totalmente de forma contraria. Nos invita a todos a ser coherentes con lo que decimos y hacemos, que nos olvidemos de las apariencias, que lo que realmente importa es tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros.
No seamos lobos con piel de cordero, que nuestra actitud sea siempre limpia y honrada, no anteponiendo nuestro interés al de los demás. El amor de Dios que se ha encarnado en Jesucristo, ha de servirnos de ejemplo de vida, para que nuestro ser y obrar sea para todo un reflejo de la imagen de Dios.
¿Conocemos y vivimos con responsabilidad el plan divino de la salvación? ¿Qué comportamiento personal y comunitario puede ser motivo de crítica? ¿Qué tanto de fariseo y escriba tengo en mi vida cotidiana? ¿Cuál es mi actitud al ser corregido fraternalmente cuando he cometido un error? ¿lo agradesco?
Señor Jesús, con frecuencia desatendemos las palabras de quienes nos invitan a llevar una vida coherente; ilumínanos con tu amor para cambiar nuestra forma de vivir y pensar. Amén.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza