Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy miércoles 12 de junio de 2024

Día litúrgico: Miércoles 10 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 5,17-19):

Jesús dijo a sus discípulos:

No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: Yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no quedarán ni una i ni una coma de la Ley sin cumplirse, antes que desaparezcan el cielo y la tierra.

El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el evangelio de hoy, Jesús afirma ante los judíos su pleno respeto por la “Ley de Moisés”. La declaración es oportuna, pues el Señor causó sorpresa al no comportarse como un mero intérprete de Moisés, sino que lo “desbordó” llevando dicha Ley a su más alta perfección, incluso poniéndose por encima de ella como su misma “Fuente”.

La historia que narra el amor de Dios por su pueblo encuentra su culminación en Jesús. Por ello Jesús se convierte, para la comunidad cristiana, en la clave para la interpretación de todas las páginas de la Escritura. Jesús, es la plenitud de la Ley y los Profetas, el verdadero Maestro que nos hace entrar en el corazón de Dios Padre.

El Señor criticó repetidas veces las interpretaciones que se hacían de la ley de Moisés, pero no la desautorizó, sino que la cumplió e invitó a cumplirla, porque, durante siglos, había sido, para el pueblo elegido, la concretización de la voluntad de Dios.

La novedad del evangelio que Jesús vino a traernos no representa una ruptura total con la tradición bíblica. Al contrario, Jesús afirma claramente que ha venido a cumplir la alianza que Dios estableció con su pueblo: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirla, sino a darle plenitud”.

El Antiguo Testamento no está derogado. Está perfeccionado por Jesús y su evangelio. Los mandamientos de Moisés siguen siendo válidos. La Pascua de Israel ya fue salvación liberadora, aunque tiene su pleno cumplimiento en la Pascua de Cristo y en la nuestra. La Alianza del Sinaí ya era signo de salvación, pero ahora ha recibido su plenitud en el sacrificio pascual de Cristo en la cruz y en su celebración memorial de la Eucaristía. Lo mismo podemos decir de los sacrificios, del sacerdocio, del Templo y del Pueblo elegido de Dios: en el Nuevo Testamento llegan a su realización definitiva en Cristo y su Iglesia.

En algunos aspectos, como el sábado, la circuncisión, el Templo, los sacrificios de corderos; la nueva comunidad de Jesús se ha distanciado de la ley antigua. Pero, en la mayoría de sus elementos, sigue consciente de la gracia salvadora de Dios que empezó entonces y continúa ahora: basta recordar cómo seguimos rezando los salmos del pueblo de Israel. Eso sí, conscientes de que Jesús ha llevado a su perfección todo lo que se nos dice en el Antiguo Testamento, como lo ha hecho en el sermón de la montaña con el novedoso programa de sus bienaventuranzas. No nos lo ha hecho más fácil, sino más profundo e interior.

También nosotros hemos recibido en herencia la ley de Dios, perfeccionada en la enseñanza de Jesucristo, como guía que nos conduce a la salvación y a la felicidad. Debemos estar atentos y vigilantes para observar el espíritu de dicha ley, que se fundamenta en el amor y que se expresa en la justicia, la solidaridad, el perdón, el respeto, la tolerancia, y toda clase de actitudes y comportamientos que promueven el bien integral de las personas. Como Israel, también nosotros debemos estar atentos a no olvidar los prodigios de la misericordia y el poder de Dios que se manifiestan en nuestra vida cotidiana.

Con Jesús, no hay pues una abolición de la Ley sino una vivencia más perfecta de ella; por eso Jesús insiste en que debemos cumplir hasta la más pequeña letra de la ley; quien ama, no descuida los detalles.

¿Nos preocupamos por transmitir a las nuevas generaciones la manera concreta de vivir la ley del amor como la vivió Jesús?

Señor Jesús, que devolviste a la Ley su pureza y espíritu original en la clave del amor, ayúdanos a asimilar tu enseñanza para ser libres y felices. Amén.

Bendiciones.

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