Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy viernes 1 de julio de 2022

Día litúrgico: Viernes 13 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 9,9-13):

Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió.

Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con Él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?».

Jesús, que había oído, respondió: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: “Yo quiero misericordia y no sacrificios”. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

Palabra del Señor.

Reflexión

El evangelio de hoy nos habla de una vocación, la del publicano Mateo. El mismo a quien Marcos y Lucas llaman “Leví” y al que se atribuye uno de los cuatro evangelios, precisamente el que estamos leyendo en este tiempo. Hoy es el propio San Mateo quien nos cuenta el relato de su llamado. Jesús lo vio, le dijo «Sígueme», y él se levantó y lo siguió.

De todos es sabido que Mateo era recaudador de impuestos, oficio que no era bien visto. Sin embargo, Jesús no se fijó en lo que hacía, en lo que aparentaba ser, sino que escudriñó su interior y descubrió dentro de él un corazón dispuesto a dejarlo todo y a seguirle. Como agradecimiento, Mateo le ofrece en su casa una buena comida, a la que también invita a otros publicanos, con gran escándalo de los fariseos, que se consideraban buenos.

Este relato nos interpela, nos anima a abrir nuestros ojos, a no tener una mirada superficial,  que se fija en la apariencia y olvida el misterio de Dios que esconde cada persona.

Mateo fue llamado en el momento oportuno, lo vemos en el hecho de que a la invitación de Jesús a seguirle respondió con prontitud. Si el Señor se hubiera quedado en lo externo, en pensar que como estaba haciendo algo “contrario” a la vocación, mejor era no llamarlo al seguimiento, no tendríamos al gran Apóstol y Evangelista San Mateo.

Las palabras de este evangelio son de mucha actualidad, pues Jesús continúa invitándonos a que le sigamos, cada uno según su estado y profesión. Y seguir a Jesús, con frecuencia, supone dejar pasiones desordenadas, mal comportamiento familiar, pérdida de tiempo, para dedicar ratos a la oración, al banquete eucarístico, a la pastoral misionera.

¿De qué grupo formo parte, de la persona perfecta o de la que se reconoce sinceramente defectuosa y que busca mejorar? ¿Acogemos a los alejados y a los “pecadores”, no por su fama, sino por su actitud de fe y riqueza espiritual que pueden tener, a pesar de las apariencias?

Pidamos al Señor por la intercesión de San Mateo, que tengamos la valentía de proponer la vocación a los jóvenes de nuestro entorno. Ellos, aún sin saberlo, buscan a Dios, porque buscan la felicidad, muchas veces llamando a puertas equivocadas. Ayudémosles a encontrar el camino de la alegría verdadera, la que sólo Dios puede dar. Amén.

Bendiciones.

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