Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy miércoles 29 de junio de 2022

Día litúrgico: 29 de Junio: San Pedro y san Pablo, apóstoles

Texto del Evangelio (Mt 16,13-19):

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»

Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».

«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»

Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».

Palabra del Señor.

Reflexión

Hoy celebramos la solemnidad de San Pedro y San Pablo, ellos fueron los pilares fundamentales de la Iglesia primitiva y, por tanto, de nuestra fe cristiana. Apóstoles del Señor, testigos de la primera hora, vivieron aquellos momentos iniciales de expansión de la Iglesia y sellaron con su sangre la fidelidad a Jesús.

Pedro era un humilde pescador que se ganaba la vida practicando su noble oficio en el lago de Galilea y en cuya orilla Jesús le instituye “piedra” y cabeza de su Iglesia, no por sus propios méritos, sino porque Jesús reconoce que el Padre le ha escogido: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo». Jesús solo con los Doce, en la intimidad que da la amistad y la convivencia, con mucha sencillez; instituye a Pedro como primer Papa: “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

Dios no siempre escoge a los más capacitados; Él capacita a los que escoge, dándoles los carismas necesarios para llevar a cabo su misión (1 Cor 12,1-11). El mensaje de salvación tenía que llegar a todos los confines de la tierra, la Iglesia tenía que ser “católica”, es decir “universal”. Y para esa tarea escogió a esa otra columna de la Iglesia, Saulo de Tarso, el apóstol de los gentiles.

Pablo, es un hombre con una gran formación en la tradición judía, apasionado, profundo, es un audaz perseguidor de la Iglesia naciente. Incluso aprueba la muerte de Esteban, por su gran celo que tiene a su religión y su fidelidad a Dios. Pero una vez convertido, cuando se encuentra con Cristo en el camino de Damasco, se transforma en un ferviente y gran predicador, fundador y maestro de muchas comunidades creyentes, fuera de Israel y a lo largo de los márgenes del mar Mediterráneo. La personalidad de Pablo, su imagen, son las que le permitieron extender la fe de la Iglesia naciente. Por eso Pablo dirá: “El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles”.

De estos dos apóstoles elegidos por Cristo para ser columnas de la Iglesia; hemos recibido el primer anuncio de la fe. Pedro fundó la Iglesia de Pentecostés en Israel, y Pablo llegó a ser el Apóstol de las naciones paganas. Ambos murieron martirizados: Pedro fue crucificado en Roma el año 64, durante la persecución del emperador Nerón; Pablo fue decapitado en las afueras de Roma el año 67.

Ojalá que nosotros, cristianos del siglo XXI, sepamos ser testigos creíbles del amor de Dios en medio de los hombres tal como lo fueron estos dos Apóstoles y como lo han sido tantos y tantos de nuestros conciudadanos. En una de las primeras intervenciones del Papa Francisco, dirigiéndose a los cardenales, les dijo que hemos de «caminar, edificar y confesar». Es decir, hemos de avanzar en nuestro camino de la vida, edificando a la Iglesia y confesando al Señor. El Papa advirtió: «Podemos caminar tanto como queramos, podemos edificar muchas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, alguna cosa no funciona. Acabaremos siendo una ONG asistencial, pero no la Iglesia, esposa del Señor».

La celebración de la memoria de San Pedro y San Pablo son ejemplos que deben fortalecernos. Cada uno cumplió su misión y juntos ayudaron a levantar los pilares de la Iglesia. Ambos tienen en común el amor, la Fe ciega en Cristo, la entrega total a la Palabra.

Si Cristo se presentara hoy ante ti y te preguntara: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” ¿Qué le contestarías? Pedro y Pablo ofrecieron su vida por predicar y defender esa verdad. ¿Estás tú dispuesto a hacerlo?

Cuando estés listo para partir al encuentro definitivo con el Señor, ¿podrás decir como Pablo: “He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe”?

Te bendecimos Jesús buen pastor, porque formaste en Pedro y Pablo a dos máximos pastores de tu Iglesia y por su ministerio has salvado a inumerables hermanos, te pedimos hoy que infundas en nosotros el valor apostólico para continuar la labor que ellos comenzaron. Amén.

Bendiciones.

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