Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy jueves 27 de enero de 2022

Día litúrgico: Jueves 3 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 4,21-25): Jesús decía a la multitud:

“¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es más bien para colocarla sobre el candelero? Porque no hay nada oculto que no deba ser revelado y nada secreto que no deba manifestarse. ¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!”

Y les decía: “¡Presten atención a lo que oyen! La medida con que midan se usará para ustedes, y les darán más todavía. Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene”.

Palabra del Señor.

Reflexión

Hoy, Jesús nos sigue describiendo cómo debe ser la vida de un cristiano. Somos como una lámpara que da luz. Pero para que ilumine mejor hay que ponerla bien a la vista para que cumpla su misión de alumbrar, dar luz y vencer las tinieblas.

La parábola de la lámpara pone en evidencia la oposición que existe entre la luz y las tinieblas, es decir, entre fe e incredulidad. Jesús afirmó de sí mismo: “Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que cree en mí no siga en tinieblas”.

Asimismo, la parábola de la lámpara acentúa también la necesidad de pasar de la fe a la vida, porque Cristo y su Evangelio son luz, y esta necesariamente ha de iluminar la existencia del que cree sinceramente; y no solo su existencia, también la de los demás. “Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa. Alumbre así su luz a los hombres, para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre que está en el cielo”.

La fe del bautismo es la lámpara encendida al principio de nuestro caminar cristiano para iluminar toda nuestra vida y conducta. Por eso el bautismo, sacramento de la fe, es visto en la tradición eclesial como sacramento de iniciación e iluminación, hasta el punto de designar a los bautizados con el título de “iluminados” por la luz de Cristo. “En otro tiempo eran tinieblas, ahora son luz en el Señor. Caminen como hijos de la luz, cuyos frutos son toda bondad, justicia y verdad. Busquen lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas”.

Toda nuestra vida, criterios, valores y conducta deben estar conformes con esa luz de Cristo que nos ha iluminado. Luz que se nos dio no para guardarla en el baúl de los recuerdos, sino para que alumbre a los demás con nuestras buenas obras.

Examinémonos si por miedo o cobardía, oportunismo o conveniencia, ocultamos la luz de la fe en Cristo en medio de los ambientes en que nos movemos. Porque Cristo dijo: “Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta época descreída y malvada, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles”.

¿Cuáles actitudes personales podrían aumentar la oscuridad que agobia a nuestro mundo? ¿Cuáles actitudes, en cambio, comunican luz y claridad en mi entorno?

Señor, sabemos que nos quieres luz del mundo, como tu Hijo, centinelas que anuncian la perenne aurora que se alza sobre la noche de la desilusión y de la mentira. No permitas, Señor, que nos cerremos a tu Reino ni que por cobardía ocultemos la fe que nos diste. Haz que caminemos siempre a la luz de nuestro bautismo. Amén.

Bendiciones.

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