Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy martes 25 de enero de 2022

Día litúrgico: 25 de Enero: La Conversión de san Pablo, apóstol

Texto del Evangelio (Mc 16,15-18): Jesús resucitado se apareció a los Once y les dijo:

“Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.

Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los sanarán”.

Palabra del Señor.

Reflexión

Hoy, la Iglesia celebra la fiesta de la Conversión de san Pablo, apóstol. No celebramos su martirio, que recordaremos conjuntamente con el de Pedro el 29 de junio, sino su encuentro con Cristo resucitado en el camino de Damasco, cuando debía contar unos treinta años.

Admiramos la respuesta de Pablo, tan decidida como la de Pedro y los otros cuando dejaron las barcas y siguieron a Jesús. Pablo tenía una buena disposición humana y religiosa: “¿Quién eres, Señor?”. Su respuesta fue instantánea: se puso a predicar y a demostrar a los judíos que Jesús era el Mesías que esperaban, y a partir de entonces dedicará todas sus energías a la nueva causa.

Las muchas dificultades que encontró en el camino y que Ananías ya le había anunciado, no enfriaron su entrega. Pablo se mostró siempre intrépido y nadie lo pudo hacer callar. Su amor a Cristo fue el motor de toda su vida: “para mí, vivir es Cristo”, “ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”, “sé de quién me he fiado”. Hasta que, en tiempos de Nerón, dio el supremo testimonio en Roma con su vida.

En el final de su evangelio, Marcos nos transmite la gran consigna de Jesús: la evangelización a todo el mundo y hasta el final de los tiempos. Consigna muy oportuna cuando estamos celebrando la vocación de un apóstol tan admirable como Pablo.

La misión es para toda la comunidad cristiana. Los apóstoles, en primer lugar y, entre ellos, Pablo, a título especial, aunque no fuera de los doce primeros, cumplieron con heroica generosidad este encargo de anunciar el evangelio de Cristo Jesús.

La fiesta de hoy nos invita a “convertirnos” también nosotros en nuestros caminos de seguimiento de Jesús. En la oración del día pedimos: “Concédenos caminar hacia ti, siguiendo su ejemplo, y ser ante el mundo testigos de la verdad”.

¿Qué sentimientos nos inspira la vida del apóstol san Pablo y qué enseñanza práctica nos sugiere para vivir según Cristo? ¿Damos a Dios una respuesta incondicional, como Pablo, enamorados de Cristo, dedicándonos con ilusión a la evangelización en nuestro ambiente familiar, social, como testigos del evangelio en el mundo de hoy?.

Te bendecimos, Jesús, por la gran misericordia concedida a san Pablo al cambiarlo de terrible perseguidor en ardiente apóstol de la Iglesia; y tú, gran santo, obtennos un corazón dócil a la gracia, una completa victoria sobre nuestro defecto principal y una plena configuración de nuestra vida con la de Jesucristo. Amén.

Bendiciones.

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