Día litúrgico: Jueves 3 del tiempo ordinario
28 de Enero: Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Mc 4,21-25): Jesús decía a la multitud:
“¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es más bien para colocarla sobre el candelero? Porque no hay nada oculto que no deba ser revelado y nada secreto que no deba manifestarse. ¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!”
Y les decía: “¡Presten atención a lo que oyen! La medida con que midan se usará para ustedes, y les darán más todavía. Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene”.
Palabra del Señor.
Reflexión
Hoy, Jesús nos sigue describiendo cómo debe ser la vida de un cristiano. Somos como una lámpara que da luz. Pero para que ilumine mejor hay que ponerla bien a la vista para que cumpla su misión de alumbrar, dar luz y vencer las tinieblas.
Los cristianos debemos ser candiles que se encienden para iluminar en medio de la oscuridad de la noche, donde cunde la tristeza y el desánimo, especialmente en este momento de la historia en que parece que la humanidad se hunde en un pozo de tinieblas, arrastrada por la muerte y la crisis que nos ha traído no sólo el coronavirus, sino también las desigualdades crecientes, las guerras, la destrucción de la naturaleza…
No basta ser bautizados, dentro de nosotros se esconde un misterio que tiene que manifestarse a los demás. Dios ha puesto su Espíritu Santo y su Palabra, en cada uno de nosotros, como una luz que no puede quedarse sólo en nuestro corazón, sino que ha de ser conocida y amada por toda la humanidad. En la medida que dejemos que el Espíritu dirija nuestra vida y hablemos de Jesús a los que nos rodean, en esa medida la luz brilla y el reino de los cielos va siendo una realidad.
No tengamos miedo de dejar que Jesús y la vida en el Espíritu se transparenten en nosotros.
La gente, los pueblos de la tierra, hoy lo necesitan más que nunca. Brillemos, pues, llenos de esperanza, alegría y amor, en medio de tanta desesperanza, tristeza, egoísmo y violencia.
¿Somos en verdad luz que ilumina, con nuestras obras y palabras, la vida de las personas que nos rodean ¿Somos signos y sacramentos del Reino en nuestra familia, comunidad o sociedad? ¿O somos opacos, “malos conductores” de la luz y de la alegría de Cristo?.
Señor, cuando las tinieblas del cansancio y la desesperanza nos apremian, clamamos a tu misericordia, para que tu amor ilumine nuestras vidas. Amén.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza