Día litúrgico: Martes 3 del tiempo ordinario
26 de Enero: Santos Timoteo y Tito, obispos
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Mc 3,31-35): El Señor designó a otros setenta y dos, además de los Doce, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde Él debía ir.
Y les dijo: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni provisiones, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: “¡Que descienda la paz sobre esta casa!” Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario.
No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan, sanen a sus enfermos y digan a la gente: “El Reino de Dios está cerca de ustedes”.
Palabra del Señor.
Reflexión
Hoy la Iglesia celebra la memoria de dos grandes colaboradores de San Pablo, San Timoteo y San Tito. Infatigables y fieles discípulos del apóstol San Pablo, a los que ungió como obispos y les asignó el cuidado de las comunidades de Éfeso al primero, y de Creta al segundo.
Tal como les enseñó Pablo, ambos llevaron a la práctica las indicaciones que hoy nos hace el salmista: “Contad las maravillas del Señor a todas las naciones”
En el Evangelio de hoy vemos como
Jesús se hace ayudar en su tarea misionera enviando a setenta y dos discípulos para que vayan de dos en dos a prepararle el camino. Ante todo, quiere que recen a Dios, pidiéndole que envíe obreros a su campo, porque “la mies es abundante y los obreros pocos”. El campo está preparado para la siega, pero faltan obreros que quieran trabajar en la proclamación del Evangelio. Y que lo hagan con el estilo que él les enseña: dispuestos a ser fieles a su encargo, tanto si son bien recibidos como si no. Lo importante es que estén llenos de la misión a la que se les envía: anunciar a todos que “está cerca el Reino de Dios”.
Seguramente un cristiano, sea consagrado o simple fiel, encontrará en su tarea las mismas dificultades que encontraron Timoteo y Tito. Anunciar la buena noticia de Jesús en medio de un mundo distraído y hasta hostil, no resulta fácil. Pueden presentarse persecuciones desde fuera, o fatiga y desánimo desde dentro. Nos viene bien escuchar las palabras de ánimo de Pablo a Timoteo: “No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor, toma parte en los duros trabajos del Evangelio”.
Nos había avisado también Jesús: “Pónganse en camino: miren que los mando como corderos en medio de lobos”. Pero, a la vez, sus últimas palabras fueron de ánimo, asegurándonos que las fuerzas para esta misión nos vendrán de su presencia, como Resucitado, en medio de nosotros, aunque no lo veamos: “Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.
Siguiendo la recomendación de Jesús, ¿oramos en nuestras parroquias no solo por las vocaciones, sino también por la familia cristiana?.
Como comunidad de fe, te pedimos, Señor, por los ministros de tu Iglesia, para que vivan y testimonien al Padre de amor. Fortalece la vocación y la entrega de los que has llamado a trabajar en tu Iglesia. Amén.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza