Día litúrgico: La Epifanía del Señor
Ver 1ª Lectura y Salmo
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos
Texto del Evangelio (Mc 6, 45-52): Después que los cinco mil hombres se saciaron, enseguida Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras Él despedía a la multitud. Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar.
Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y Él permanecía solo en tierra. Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo.
Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero Él les habló enseguida y les dijo: “Tranquilícense, soy Yo; no teman”. Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó.
Así llegaron al colmo de su estupor, porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida.
Palabra del Señor.
Reflexión
Después del milagro de los panes, Jesús ofrece otra manifestación de su misión calmando la tempestad.
Los discípulos van de sorpresa en sorpresa. No acaban de entender lo que pasó con los panes, y en seguida son testigos de cómo Jesús camina sobre las aguas, sube a su barca y domina las fuerzas cósmicas haciendo amainar el recio viento del lago.
En nuestra vida también pasamos a veces por el miedo que experimentaron aquella noche los discípulos, a pesar de ser avezados pescadores. A nuestra barca particular, y también a la barca de la Iglesia, le vienen a veces vientos fuertes en contra, y tenemos miedo de naufragar. Como para aquellos apóstoles, la paz y la serenidad nos vendrán cuando admitamos a Jesús junto a nosotros, en la barca. Y podremos oír que nos dice: “Ánimo, soy yo, no tengan miedo”.
La expresión “no tengan miedo”, que tantas veces aparece dirigida por Dios en el Antiguo Testamento y también por Jesús a quienes llama a realizar alguna misión, se nos dirige hoy a todos. Todavía Permanecen
en nuestra memoria las palabras del papa Francisco en su mensaje Urbi et orbi, el 27 de marzo de 2020, en el momento extraordinario de oración en tiempo de pandemia: “Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: ‘Perecemos’, también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino solo juntos”.
La invitación a permanecer en el amor, y la seguridad de que Cristo Jesús es el que vence a los vientos más contrarios, nos deben dar las claves para que nuestra vida a lo largo de todo el año esté mas impregnada de confianza y de alegría.
¡Sálvanos, Señor, que nos hundimos, la tormenta arrecia contra nosotros. Mándanos ir hacia ti en medio del mar. Que sea nuestra fe la que nos sostenga y nos permita reconocerte aun en medio de la oscuridad!.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza