Día litúrgico: Navidad: 5 de Enero
Ver 1ª Lectura y Salmo
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 6,34-44
Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Éste es un lugar desierto, y ya es muy tarde. Despide a la gente, para que vaya a los campos y poblaciones cercanos a comprar algo para comer». Él respondió: «Denles de comer ustedes mismos». Ellos le dijeron: «¿Tendríamos que ir a comprar doscientos denarios de pan para dar de comer a todos?». Jesús preguntó: «¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver». Después de averiguarlo, dijeron: «Cinco panes y dos pescados». Él les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde, y la gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta. Entonces Él tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente. Todos comieron hasta saciarse, y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado. Los que comieron eran cinco mil hombres.
Palabra del Señor.
Reflexión
La compasión y amor de nuestro Dios al ver a sus hijos como ovejas sin pastor, hace que se olvide de sí; aun cansado sigue enseñándoles, les instruye con calma. Tanto es así que les llegó la noche. Los discípulos, en sus razonamientos, tenían una solución para que no pasaran hambre: que fueran a las aldeas cercanas a comprar. No se molestan en preguntar al maestro buscando una solución, sino que han hecho sus razonamientos y van hacía Él, a manifestar lo que han decidido. ¡Cuántas veces no somos de estos discípulos que van al Señor a decirle lo que tiene que hacer!
Hoy El Señor nos sigue invitando a implicarnos, a ponernos en movimiento, a no permanecer indiferentes ante la situación de sus hermanos, aquellos que sufren o se pierden por no tener quién les hable de Dios. Podemos y debemos ayudarlos con lo que somos y tenemos.
El pan multiplicado que nos ofrece cada día Cristo Jesús es su Cuerpo y su Sangre. Él ya sabía que nuestro camino no iba a ser fácil. Que el cansancio, el hambre y la sed iban a acosarnos a lo largo de nuestra vida. Y quiso ser Él mismo nuestro alimento. El Señor resucitado se identifica con ese pan y ese vino que llevamos al altar y así se convierte en Pan de Vida y Vino de salvación para nosotros. Nunca agradeceremos y aprovecharemos bastante la entrega eucarística de Jesús a los suyos.
El amor y la misericordia de Dios se hacen visibles en las palabras y acciones de Jesús, que se compadece al ver a la multitud que camina por la vida sin horizonte, sin futuro. Lo más peligroso para la sociedad, es que esta pierda el sentido de la esperanza y se deje llevar por la desilusión y el desencanto. Una sociedad así se olvida del amor, de la solidaridad, y se torna violenta e indiferente ante las necesidades del prójimo. Y es aquí donde Dios se manifiesta con mayor fuerza a través de personas que, con su vida y acciones, devuelven a la sociedad la esperanza y la invitan a creer en el amor.
¡Señor Jesús, Pan para la vida del mundo! Enséñanos a descubrir siempre tu presencia y tu accionar en todos los acontecimientos pequeños y grandes de nuestra vida.
Jesús olvida el descanso para poder servir a la gente. ¿Qué nos dice todo esto a nosotros hoy?
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza