Día litúrgico: Jueves 2 de Adviento
14 de diciembre: San Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia
Texto del Evangelio (Mt 11,11-15):
Jesús dijo a la multitud:
Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.
Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos es combatido violentamente, y los violentos intentan arrebatarlo. Porque todos los Profetas, lo mismo que la Ley, han profetizado hasta Juan. Y si ustedes quieren creerme, él es aquel Elías que debe volver.
¡El que tenga oídos, que oiga!
Palabra del Señor.
Reflexión
En este jueves de la segunda semana de Adviento, aparece en el evangelio la figura de Juan el Bautista. Comienza la etapa del Precursor, a quien sigue acompañando otra de las figuras del adviento: Isaías. Ambos profetas encarnan la espera del Adviento.
La personalidad del Bautista en el umbral mismo del Nuevo Testamento, aunque sin traspasarlo, es tan relevante, que merece mención especial de Jesús: “Les aseguro que no ha nacido de mujer otro más grande que Juan el Bautista”; y es que si ya en el antiguo testamento los profetas habían anunciado la llegada del Mesías, Juan va a ser el precursor, el que ha recibido la misión de preparar el camino al Señor. Luego Jesús añade: “Aunque el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él”.
Esta afirmación de superioridad no es juicio cualitativo de valores personales, sino proclamación de un estado o situación mejor respecto de la salvación de Dios que trae su Reino. Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la novedad suprema del nuevo orden religioso. Él es la nueva alianza, y en su persona, su mensaje y su misterio pascual de muerte y resurrección se inaugura el Reino de Dios y se funda la nueva economía de salvación con la adopción filial del hombre por Dios.
En este plan divino entra el discípulo de Cristo mediante la fe y el bautismo. De ahí la superioridad del Nuevo Testamento sobre el Antiguo, de la Iglesia sobre la sinagoga, de la ley de Cristo sobre la ley mosaica.
El Adviento no nos defrauda, el Señor está cerca, su presencia lo renovará todo. Tanto “el más grande”, como también “el más pequeño” en el Reino de los Cielos será testigo de las obras del Mesías. La esperanza no defraudará a los pequeños, ni a los grandes, con tal de que su corazón sea un lugar de encuentro con la presencia del Dios con nosotros.
Cuando viene a nuestra mente una concepción limitada del ser humano: nacido de mujer, corto de días y harto de tormentos, que como la flor brota y se marchita y que huye como la sombra sin pararse, la Palabra reconforta, anima, anuncia que la historia ha alcanzado su culmen, que las cosas han cambiado radicalmente. Ella proclama: tú eres “el más grande”.
Estaremos claros en no defender un ideal de santidad que ignore la injusticia de este mundo, donde unos festejan, gastan alegremente y reducen su vida a las novedades del consumo, cuando muchos otros solo miran desde afuera mientras su vida pasa y se acaba miserablemente.
En el tiempo de adviento en el que nos encontramos, urge potenciar la escucha, prestar atención, por tanto, a lo que se nos viene recordando, pues el mismo Jesús que regresó al Padre, volverá al final de los tiempos. La mejor manera de disponerse para acogerlo es abrir los oídos a su Palabra, que nos proclama la Liturgia de cada día y en el clamor de los hombres, conforme a lo señalado por Isaías. No es lícito atender a una y descuidar la otra, pues el que nos habla es el mismo Señor.
¿Esperamos la salvación únicamente de Aquel que nos la puede dar, es decir, de Dios en su enviado Jesucristo? ¿Hasta qué punto soy capaz de desafiar la costumbre, abrir bien los ojos y los oídos y, sobre todo, el corazón, para mostrar quiénes son los más grandes ante Dios? ¿Reconocemos la grandeza de aquellos que anuncian la llegada del Reino?
Señor Jesús, danos la fuerza y energía del Reino para entrar en él, el carácter de los esforzados que se comprometen a fondo. Así avanzaremos decididos por el camino de la conversión que tú esperas de nosotros en este tiempo de Adviento. Amén.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza