Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy miércoles 13 de diciembre

Día litúrgico: Miércoles II de Adviento

13 de diciembre: Santa Lucía, virgen y mártir

Texto del Evangelio (Mt 11,28-30):

Jesús tomó la palabra y dijo:

«Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana».

Palabra del Señor.

Reflexión

En el evangelio de hoy, encontramos una invitación de Jesús llena de ternura, que amplía nuestro horizonte de esperanza: «Vengan a mí» Con estas palabras, Jesús hace una invitación directa a todos sus oyentes para que se hagan sus discípulos, son los que «están fatigados y agobiados por la carga» y que en el camino discipular encontrarán alivio.

Después de un día agobiante de trabajo o un período de nuestra vida en el que las cosas no han salido precisamente como nosotros las esperábamos, qué reconfortante es escuchar de Jesús, estas consoladoras palabras: «Vengan a mí… y yo los aliviaré».

Y es que sólo en Jesús podemos darle el justo valor a todas las cosas, por eso dice: «Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón». El hombre se agita y se sofoca porque le da a las cosas una dimensión equivocada y porque quiere realizarlas con su solo esfuerzo, sin pensar que sólo con la ayuda de Dios, es posible realizar en paz y con alegría, nuestros proyectos y sólo con su consuelo podemos aceptar, que éstos no hayan salido como nosotros pensábamos.

Hay en nuestra vida cansancios fisicos y también cansancios anímicos y espirituales. Suceden cuando se acumulan los conflictos, las contradicciones, los problemas, las tensiones… Una mañana en una estación del metro, una señora se desplomó y prorrumpió en llanto. «Señora— le pregunté—, ¿Qué le sucede? ¿En qué puedo ayudarla?».Esta fue su respuesta: «No puedo más, no puedo más». Es la expresión cabal de esos cansancios del alma. A estas personas están especialmente destinadas estas palabras de Jesús: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados y encontrarán reposo para sus almas».

Esta imagen acogedora de Cristo debería ser también la que ofreciera a todos la Iglesia, su comunidad, es decir, cada uno de nosotros. Este tiempo de Adviento nos invita a que seamos personas que acogen, que al dolor o a la búsqueda de las personas no responden con legalismos y exigencias, sino con comprensión; personas que infunden paz y regalan ánimos a tantos y tantos que están desfallecidos por el camino; testigos y heraldos de esperanza, que es lo que más falta hace a este mundo.

En los tiempos actuales, tal vez más que nunca, existe vacío de Dios, poca unidad y armonía en la propia existencia, huida hacia las soluciones más inmediatas y fáciles, olvido del evangelio y falta de fe de que en Cristo Jesús tenemos la verdadera alegría y la respuesta de Dios a todas nuestras preguntas. Nosotros, los cristianos, deberíamos ser los instrumentos de los que Dios se sirve hoy para infundir más armonía y paz a las personas, recordando nosotros mismos y siendo luego pregoneros para los demás del gran acontecimiento que celebramos, la presencia de Dios en nuestra vida.

Si tu vida y tus proyectos están a medias o no se han realizado como tú lo esperabas, toma un momento de tu jornada para orar, para ponerte en los brazos amorosos de Jesús, él te dará la fuerza y la luz para recomenzar. Solo espera que le entregues tus cansancios y agobios.

¿Encontramos verdadero descanso en el Señor, en la escucha de su Palabra, en la celebración de su misterio en la liturgia? ¿La ley de Dios, es para mí yugo suave que me anima o un peso que me cansa?

Señor, danos la fuerza de resistir a los obstáculos que ponemos a tu Palabra cuando sobrevienen las preocupaciones del mundo; conviértenos en terreno bueno, personas acogedoras, para ser capaces de ofrecer nuestro servicio a tu Palabra. Amén.

Bendiciones.

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