Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy miércoles 16 de agosto de 2023

Día litúrgico: Miércoles 19 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 18,15-20):

Jesús dijo a sus discípulos:

Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.

Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

También les aseguro que, si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, Yo estoy presente en medio de ellos.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el Evangelio de hoy Jesús nos enseña la «corrección fraterna», la apertura al perdón que debemos tener siempre con los hermanos que nos ofenden y caen en el error del pecado. Frente a las faltas graves que pueden llevar a los demás a perder  el cielo, tenemos el deber moral de corregirlos y a la vez dejarnos corregir cuando nosotros fallamos. Recordemos que  desde nuestro bautismo tenemos una misión profética que cumplir que es la de «anunciar y denunciar».

También en la comunidad de los primeros cristianos había faltas y comportamientos contrarios a la voluntad de Dios.

Jesús nos entrega el protocolo a seguir frente a las dificultades de convivencia que siempre estarán presentes dentro de la Iglesia durante la historia.

«Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano»

¡Qué bonita y leal es la relación de fraternidad que Jesús nos enseña!.

Ante una falta contra mí o hacia otro, he de pedir al Señor su gracia para perdonar, para comprender y, finalmente, para tratar de corregir a mi hermano.

En última instancia, una vez que se han agotado todas las posibilidades, es necesario exponer el caso del hermano reticente a la comunidad.

De acuerdo a este pasaje de la Escritura, no podemos tomar la posición fácil de decir: «Basta con que yo esté bien, que los demás vean cómo lo hacen». Es obligación del cristiano velar también por el bien espiritual, físico y moral de los hermanos. No podemos ver que un hermano peca y nosotros quedarnos tan tranquilos, es nuestra obligación cristiana hacerle ver su error.

Cuando un hermano ha fallado, la reacción de los demás no puede ser de indiferencia, como fue la actitud de Caín: «¿Soy acaso guardián de mi hermano?». Un padre no siempre tiene que callar ni el maestro o el educador permitirlo todo; ni un amigo desentenderse cuando ve que su amigo va por mal camino, ni un obispo dejar de ejercer su guía pastoral en la diócesis.

No es que nos vayamos a meter continuamente en los asuntos de otros, pero nos debemos sentir corresponsables de su bien. La pregunta de Dios a Caín nos la dirige también a nosotros: ¿Qué has hecho con tu hermano?

Esta corrección no la ejercitamos desde la agresividad y la condena inmediata, con métodos de espionaje o policíacos, echando en cara y humillando. Nos tiene que guiar el amor, la comprensión, la búsqueda del bien del hermano: tender una mano, dirigir una palabra de ánimo, ayudar a rehabilitarse.

Corrección fraterna entre amigos, entre esposos, en el ámbito familiar, en una comunidad religiosa, en la Iglesia. Y acompañada de la oración: rezar por el que ha fallado es una de las mejores maneras de ayudarle y, además, nos enseñará a adoptar el tono justo en nuestra palabra de exhortación, cuando tenga que decirse.

Al corregir a un hermano que ha pecado siempre tengamos en cuenta la parábola de la basura en el ojo ajeno, pues en ella nos recuerda Jesús que la manera de corregir es siempre con gran amor y con mucho cuidado, como cuando queremos retirar de su ojo una basurita. Debemos buscar el momento y las palabras adecuadas con el fin de no lastimarlo. Sin embargo, debemos ser sinceros y auténticos. El esfuerzo, debe ir hasta hacernos ayudar de toda la comunidad, si fuera necesario.

Recordemos que somos un cuerpo y si un miembro se enferma, se enferma todo el cuerpo. Tampoco se trata de estar buscando todos los pequeños errores de los demás, se trata de las faltas que pueden llevar a la perdición de su vida o a pecados más graves, a faltas morales que distan mucho de la vida cristiana. Por otro lado, está la invitación a ser receptivos a la corrección de nuestros hermanos. Dios nos ama como somos, pero rechaza la idea de dejarnos en estas condiciones. El quiere que seamos exactamente como Jesús.

¿Somos caritativos al momento de corregir fraternalmente a nuestros hermanos o lo hacemos con actitudes arrogantes? ¿Encontramos la corrección fraterna, como el mejor camino para solucionar los inconvenientes que se presentan en nuestras comunidades?

Padre Santo, danos comprensión, paciencia y una permanente disposición al diálogo, ante los inevitables fallos humanos, propios y ajenos. Porque donde dos o tres nos reunimos en nombre de Cristo, allí está él en medio de nosotros creando comunidad. Amén.

Bendiciones.

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