Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy martes 16 de mayo de 2023

Día litúrgico: Martes 6 de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 16,5-11):

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: Ahora me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: “¿A dónde vas?” Pero al decirles esto, ustedes se han entristecido.

Sin embargo, les digo la verdad: les conviene que Yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes.

Pero si me voy, se lo enviaré.

Y cuando Él venga, probará al mundo dónde está el pecado, dónde está la justicia y cuál es el juicio.

El pecado está en no haber creído en mí.  La justicia, en que Yo me voy al Padre y ustedes ya no me verán.

Y el juicio, en que el Príncipe de este mundo ya ha sido condenado.

Palabra del Señor.

Reflexión

Los primeros versículos del evangelio de hoy reflejan la tristeza de los discípulos ante el anuncio que Jesús les ha hecho de su separación. Jesús se va y los discípulos sienten que con él se van sus sueños, sus esperanzas.

Pero Jesús insiste en que les conviene su marcha al Padre porque así les podrá enviar el Espíritu. Jesús compensa la tristeza que deja su ausencia en los discípulos con esta promesa del Espíritu Consolador.

A nosotros nos encantaría poder ver a Jesús, experimentar claramente su presencia en medio de nosotros. Como les hubiera complacido a sus apóstoles no haber oído nada sobre su marcha. A todos nos gustan las “seguridades”, las comprobaciones visibles a corto plazo. Y, sin embargo, en su Ascensión, el Señor no abandonó a su Iglesia. Nos ha prometido una doble presencia que tendría que llenarnos de ánimo: a) la del mismo Cristo, ahora resucitado, que no ha dejado de estar presente “Yo estoy con ustedes todos los días”. Lo que pasa es que lo que antes era presencia visible, ahora sigue siendo real, pero invisible. Su “ausencia” es “presencia de otra forma”, porque Él ya está en la existencia escatológica, definitiva, pascual; b) y la presencia de su Espíritu, que actúa de abogado y defensor, de animador de nuestra comunidad, de eficaz protagonista de los sacramentos, de maestro que hace madurar la memoria y la fe de los cristianos.

Este Espíritu nos llevará a descubrir la verdad sobre Jesús, sobre los auténticos culpables de tantas injusticias y desgracias. Paráclito significa abogado, y es el que sacará a la luz la realidad. El Espíritu enseña a discernir el bien del mal, saca a la luz la culpa del mundo. Toda la miseria que el mundo trata de ocultar sale a la luz gracias a la acción del Espíritu en nuestros corazones. Y también muestra el juicio, porque Dios ya ha sentenciado a los poderes del mal, ya los ha condenado, aunque parezcan victoriosos frente a nuestra fragilidad.

El mundo, que pensaba haber juzgado a Jesús condenándolo, ahora es condenado por el “príncipe de este mundo”, porque es el responsable de su crucifixión. Jesús fue ejecutado por culpa de las fuerzas del mal, pero el Espíritu garantiza que la causa de Jesús y el Reino son legítimas.

El Espíritu señala la frontera entre la gracia y el pecado, entre la fe y la incredulidad, entre los dominios del reino de Dios y los dominios del anti-reino. Pero sobre todo está en el mundo para testificar el triunfo de Dios sobre el mal.

¿Tenemos el mismo miedo y preocupación que tenían los discípulos de perder a Jesús? ¿Nos dejamos conducir por el Espíritu Paráclito que nos lleva a identificar con verdad el error del mundo, nos ayuda a adherirnos a Jesús y nos conduce a conocer la verdad sobre nosotros?

Cristo resucitado fundamenta nuestra fe y esperanza; y el Espíritu nos recuerda sus palabras de vida, especialmente en el duro momento de la prueba. Por eso nunca estamos solos. ¡Gracias, Señor! Creemos en ti, y con el gozo del Espíritu torrentes de agua viva brotan de nuestro corazón. Amén.

Bendiciones

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