Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy viernes 6 de enero de 2023

Día litúrgico: La Epifanía del Señor

Texto del Evangelio (Mt 1, 6b-11):

Juan Bautista predicaba, diciendo: “Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo”.

En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.  Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre Él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: “Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección”.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el Evangelio de hoy la figura de Juan el Bautista está estrechamente vinculada a la persona de Jesús. Juan tiene la misión, anunciada por los profetas, de preparar el camino del Señor. No es una misión fácil implica renunciar a todo, incluso al “éxito” para que todas las personas centren su mirada en el Mesías esperado.

La imagen que emplea Juan indica la grandeza del Mesías y la pequeñez que él concibe de sí mismo y su misión. Ante la presencia del Mesías, Juan no se considera digno de desatarle la correa de las sandalias. Así, poco a poco desde el bautismo, la divinidad de Jesús es puesta de manifiesto en palabras y obras durante toda su vida, y sobre todo, en la resurrección y ascensión al cielo. Esta es una gran invitación para todos los creyentes: Aceptar a Jesús como Hijo de Dios.

En la escena del Bautismo de Jesús en el Jordán aparece explícitamente el protagonismo del Espíritu, en forma de paloma que se posa sobre Él. No sabemos bien por qué la paloma: ¿por ser un ave sutil, mansa, símbolo de la paz? ¿o como reminiscencia del Génesis, que nos cuenta que el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas primordiales y las llenó de vida.

Ese mismo Espíritu del origen del mundo es el que se prometía al Siervo de Yahvé, y se daba a los profetas y reyes en el Antiguo Testamento como símbolo de la fuerza de Dios que los iba a acompañar en su misión. Es el mismo Espíritu que intervino en la encarnación humana del Hijo de Dios, en el seno de María de Nazaret, “por obra del Espíritu”, y el que actuaría luego en el sepulcro de Jesús, resucitándole de entre los muertos a una vida nueva.

En el Jordán se posó este Espíritu sobre Jesús. Pedro nos dice que Jesús fue «ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo». Cuando se escribieron los evangelios y el libro de los Hechos, la comunidad cristiana tenía amplia experiencia de que el Espíritu iba guiando sus pasos y llenándola de su gracia. Como lo sigue haciendo en nuestro tiempo. También ahora, por medio de los sacramentos del Bautismo y la Confirmación, y por la riqueza de sus carismas e impulsos, el Espíritu continuamente nos empuja a la misión y a la evangelización.

¿Al dar testimonio de Jesús, movidos por el Espíritu, logramos que las personas que nos escuchan o están a nuestro lado se motiven a creer en Él?

Impulsados por tu Santo Espíritu, Señor, estamos dispuestos a dar testimonio de que tú eres el Dios que protege y da plenitud a nuestra vida con tu amor. Amén.

Bendiciones.

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