Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy martes 22 de junio de 2021

Día litúrgico: Martes 12 del tiempo ordinario

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Ver 1ª Lectura y Salmo     

Texto del Evangelio (Mt 7,6.12-14): Jesús dijo a sus discípulos:

No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.

Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.

Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.

Palabra del Señor.

Reflexión

Hoy, el Señor nos hace tres recomendaciones. La primera es bastante misteriosa, probablemente tomada de un refrán popular: “No echar las perlas a los cerdos o lo santo a los perros”. No sabemos a qué se puede referir: ¿Permitir el acceso a los sacramentos solo a los ya iniciados? ¿La prudencia en divulgar la doctrina de la fe a los que no están preparados?  ¿El cuidado de que no se profane lo sagrado?. la mayoría de los exégetas, están de acuerdo en que es probable que esté referido a la Eucaristía, en relación a aquellos que no reconocen la presencia real de Cristo en este sacramento y lo reciben sin fe y sin el estado de Gracia que se requiere.

La segunda sí que se entiende y nos interpela con claridad: “Traten a los demás como quieren que ellos los traten”. Es la “regla de oro”, que compendiaba todo lo que la Ley y los Profetas recomendaron, tal como ramas de un único árbol: El amor al prójimo presupone el amor a Dios, pues de Él proviene. Hacer al prójimo lo que queremos que nos hagan implica una transparencia de acciones para con el otro, en el reconocimiento de su semejanza a Dios, de su dignidad.

Podríamos escribir en una hoja de papel la lista de cosas que deseamos o exigimos que hagan con nosotros: que nos atiendan, que se interesen por nosotros, que sean tolerantes con nuestros defectos y alaben nuestras cualidades, que no nos condenen sin habernos dado ocasión de defendernos y explicar lo que de verdad ha sucedido. Y otras cosas muy razonables y justas. Pues bien, a continuación tendríamos que decirnos a nosotros: eso mismo es lo que tú tienes que hacer con los que viven contigo.

Por último, la «puerta estrecha». El Papa Benedicto XVI nos pregunta: «¿Qué significa esta ‘puerta estrecha’? ¿Por qué muchos no pueden pasar por ella? ¿Es un pasaje reservado para algunos elegidos?». ¡No! El mensaje de Cristo «nos dice que todos podemos entrar en la vida. El pasaje es ‘estrecho’, pero abierto a todos; ‘estrecho’ porque es exigente, requiere compromiso, abnegación, mortificación del propio egoísmo». Ante la opción de los dos caminos, el exigente y el permisivo, el estrecho y el ancho, todos tendemos a elegir el fácil, que no es precisamente el que nos lleva a la salvación.

¿Te dejas guiar y atraer por la vía estrecha y exigente del evangelio?

¿Sigues más bien la vía ancha y fácil, que consiste en hacer lo que a uno le place o lo que conduce a satisfacer los propios deseos, y que pasa por alto las necesidades de los demás?

Haznos entender, Señor, que tu paso angosto no es moralismo intransigente, sino liberación necesaria. Que tu Espíritu venga en ayuda de nuestra debilidad. Amén.

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