Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy jueves 6 de mayo de 2021

Día litúrgico: Jueves 5 de Pascua

Ver 1ª Lectura y Salmo     

Texto del Evangelio (Jn 15,9-11): A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: Como el Padre me amó, también Yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.

Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como Yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el evangelio de hoy, Jesús viene a iluminar el problema planteado en la primitiva iglesia y que nos narra la primera lectura. Problema que nos habla de la obligación de distinguir entre  lo que es esencial en el cristianismo, de lo que no lo es y puede dejarse a un lado y no vivirse.

Este problema se originó debido a que muchos de los convertidos a la religión de Jesús, procedían del judaísmo y se  resistían a  abandonar ciertas prácticas de su antigua religión, como era el caso de la circuncisión, queriéndoselas imponer incluso a los gentiles convertidos también al cristianismo, gracias a la predicación de Pablo y Bernabé. Este conflicto «no menor» fue resuelto de la mejor forma posible, desde la fraternidad, reuniéndose y escuchándose los representantes de las dos partes y después de “una larga disputa” llegaron a un acuerdo, imponiendo a los gentiles unas cosas, prescindiendo de otras. Esta reunión luego se conocerá en la Iglesia como el primer Concilio o el Concilio de Jerusalén.

Nosotros también, a lo largo del tiempo, hemos ido llenando el seguimiento de Jesús, de otras muchas cosas: de normas, de leyes, de algunas costumbres, de ritos; que sin dejar de ser importantes, no son lo mas esencial. Jesús viene en nuestra ayuda como siempre, y nos aclara cuál es lo verdaderamente esencial, lo que nunca puede faltar en la vida de cualquier cristiano.

Lo esencial del cristianismo es sentirse amado por Jesús, con la misma intensidad que el Padre le ha amado, y poder decirle “tú me sedujiste, Señor, y yo me dejé seducir”. “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo. Permaneced en mi amor”. Y como consecuencia inmediata alojarle en el centro de nuestro corazón y amarle con todas nuestras fuerzas, lo que lleva consigo hacerle caso en todo lo que nos diga, cumplir todos sus mandamientos, todas sus indicaciones ante todo lo que nos encontremos en la vida.

Uno de los conceptos que tendríamos que cambiar en nuestra vida, es pensar que los mandamientos que Dios nos ha dado, limitan y coartan nuestra libertad. En el pasaje que hemos leído hoy, escuchamos cómo Jesús dice: «Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena».

Es decir, la alegría y la felicidad plena la podemos alcanzar sólo si cumplimos los mandamientos. Y es que su mandamientos nos previenen de las consecuencias que el pecado trae a nuestra vida. Y así, por ejemplo, cuando Dios dice: «no robarás», lo que está buscando es evitar todos los daños que el robo trae para nosotros y para nuestro prójimo. De tal manera que cuando le hacemos caso y obedecemos sus mandamientos, estamos construyendo nuestra felicidad y nuestra paz interior.

De la misma manera que nuestros padres nos cuidan advirtiéndonos de los peligros, advertencias que en ocasiones se convierten en prohibiciones y con ello nos muestran que nos aman, así Dios también, al habernos dado los mandamientos, nos ha mostrado que nos ama. Mostrémosle ahora que nosotros le amamos, obedeciendo. Si le amamos, si le hacemos caso, Jesús nos regalará una alegría que nada ni nadie nos podrá arrebatar.

Jesús nos ama como el Padre lo ama a Él. Y nosotros debemos amar como Jesús nos amó.

¿Cómo crece cada día en nosotros este ideal de amor?

Concédenos, Padre, permanecer en el amor de Jesús para dar fruto abundante de fe, paz y alegría. Fecunda los esfuerzos de los que tratan de construir un mundo más humano y fraternal. Amén.

Bendiciones.

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