¡Aleluya. Nos ha amanecido un día sagrado: venid, naciones, adorad al Señor, porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra. Aleluya!
Junto con desearles una FELIZ NAVIDAD, y UN NUEVO AÑO lleno de PAZ, DE ALEGRÍA Y DE AMOR, les regalo mi reflexión de este año para vivir el espíritu de la Navidad de manera renovada en nuestra vida cristiana.
La Navidad es nueva cada año y, cada año el Nacimiento de Jesús nos trae un mensaje nuevo para nuestra vida, puesto que, mirando la encarnación es como el hombre puede conocer a Dios en su faceta real: EL AMOR. Dios Padre quiso que su Hijo Jesús hecho Hombre viniera al mundo, por obra del Espíritu Santo, en el seno de una familia. Él nació de una Virgen Madre, y fue acogido por José, esposo virginal de María y padre adoptivo de Jesús, santo custodio de la Sagrada Familia. ¡Esta verdad puede creerla solamente el sencillo de corazón, o aquél que busca, con fe, sinceramente ser sencillo!
Teniendo esto presente, quisiera sencillamente relacionar este año mi saludo Navideño y de Año Nuevo con el próximo Sínodo de los Obispos en Roma, en Octubre de 2018, que tiene como lema: “Los jóvenes, la Fe y el Discernimiento Vocacional”.
Todo niño, todo joven nace en una familia, sea como sea que esta se encuentre… El Papa Francisco dice: “La Paz empezó en un establo, en una familia marginada…” Por ello, nadie puede encontrarse sólo, porque Jesús habiendo tomado la naturaleza humana se hace solidario de toda persona que llega a este mundo. Él camina a nuestro lado y nos muestra la ruta a seguir, con seguridad y paz en el corazón. Porque “la plenitud humana” que pudiéramos soñar, nos llegó en forma de debilidad. (Lc. 2, 7-12).
Pido a Dios que en esta Navidad y a lo largo de todo el Nuevo Año 2018, Él nos ilumine e ilumine principalmente a todos los jóvenes que encontramos en nuestras familias, servicios, trabajos, apostolados, actividades recreativas, en todos nuestros caminos, en todo nuestro caminar de cada día, para que todos alcancemos que,
“Él nos envíe ILUSIÓN, para no perdernos en las preocupaciones.
ESPERANZA para creer siempre en algo mejor.
FE que nos ayude en el camino por pesado que sea.
SALUD para continuar la marcha.
ALEGRÍA para tener siempre una sonrisa en nuestros labios.
Una PALABRA de aliento para quien lo necesita.
SABIDURÍA para saber cuándo y cómo hacer las cosas.
Que la PROSPERIDAD la podamos construir teniendo todo esto…”
Sembremos paz, alegría y esperanza en el corazón de todos, particularmente en la vida de los jóvenes, y aportando al Sínodo “caminemos juntos para llevar a todos la luz del Evangelio, el abrazo de la Iglesia y el amparo de la misericordia de Dios». Que nos esforcemos por ser familias eucarísticas y marianas, fecundas en Vocaciones, pues donde se vive la Eucaristía y la devoción mariana en familia, surgen las Vocaciones. ¡Sí, donde está la Eucaristía y María hay vocaciones!
Que Jesús, nacido en Belén, los bendiga a todos y, a todos nos haga “constantes en la fe, alegres en la esperanza y activos en la caridad”.
Reciban mi abrazo de paz, los de cerca y los de lejos, con la certeza de que en la Navidad Jesús nos une a todos, en Él, en la Familia de Nazareth, en la Familia de nuestro Dios, UNO Y TRINO.
Sor María Victoria Leal V., HC
Los Ángeles, NAVIDAD 21017
Regina Coeli Una Señal de Esperanza