Cartas Pastorales

Las Generaciones del Siglo XXI más Desprotegidas ¿Todas?

Por Germán Prosser Santana

Vamos por parte. A lo mejor llegamos a ello.  Empecemos por lo Inmigrantes, que son personas y personitas, que al abandonar su país, lo dejan todo, pan, techo y abrigo, para venir o ir en busca de un futuro mejor, llegan o van a un mundo desconocido, cambiará su barrio, sus caseros que le venden lo esencial, sus plazas y parques carecerán del mismo entorno, si vivían en la Costa llegarán al interior, es decir, les será otro mundo, familiares y amigos quedarán en el pasado, que tiene que ser muy duro, para cambiarlo sin saber ¿adónde?,

la tristeza invadirá a adultos, jóvenes y niños, pero que con la ayuda de ese mundo nuevo encontrarán manos acogedoras, sonrisas cordiales y momentos de  felicidad, que les harán recuperar su fe en el futuro y juntos del amanecer al atardecer podremos cantar canciones de la vida, recitar poemas de amor y justicia, para que esos niños y los nuestros jueguen, corran y salten de alegría, porque esa historia es la que debemos escribir, para nuestros niños, que ojalá ellos nunca sientan en su alma, lo que sus padres meditan y sufren en el silencio de su incesante búsqueda del bien común, que en su tierra les fuese negado, por las alimañas, que se alimentan del dolor ajeno, porque para esas aves insectíferas, todo es poco, aunque en esa ambición desmedida vaya la parte de esos otros, que sólo buscan lo mínimo de la subsistencia, sin atropellar los derechos fundamentales de los demás, como estos seres insaciables del dinero y el poder les invadan y priven, de lo que todo ser humano requiere o necesita, pero ellos los insatisfechos de siempre, que caminan sin oir y que apresuran el paso cuando ven que alguien igual a ellos, pero sin la pompa excluyente que les domina les haga detener su tranco egoístoideo y parafrásico que le traspasa su porosidad letrinosa y malógena, que cubre con billetes, que el más genuino y erudito matemático pudiese imaginarse su espuria procedencia.                                                                                          

Este siglo XXI trae y tiene muchas tristezas, nada más trágica, que la de dejar lo logrado, porque ya ahí no había alternativa limpia y segura, no había futuro para la familia, porque los criminales, que hicieron todo lo posible, para que en lo propio se sintieran ajenos, unos desconocidos, a los cuales había que excluir, con amenazas, estruendos y cuanto signo de violencia les atemorizara, para que sólo pensaran en partir, irse, irnos, donde no exista ese ruido constante, que impide el silencio, el leer, el escribir, el conversar, el amar y querer ser persona, a los jóvenes despojarlos de su futuro, a sus padres el vivir dignamente y a los pequeñitos, los corazones de la vida, ver y palpar la ausencia de juegos y alegrías, que son las propias de su edad y que todo hombre y mujer sanos luchan por obtenerlas y proveérselas, para que con una modesta sonrisa reflejen que están bien, gracias a Dios.                                                 

LOS ÁNGELES, Septiembre 5 de 2017

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