Día litúrgico: Miércoles 4 de Pascua
29 de abril: Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia, patrona de Europa
Texto del Evangelio (Jn 12,44-50):
Jesús exclamó: El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en Aquél que me envió. Y el que me ve, ve al que me envió. Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas.
Al que escucha mis palabras y no las cumple, Yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que Yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día.
Porque Yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar; y Yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó.
Palabra del Señor.
Reflexión
En el evangelio de hoy, Jesús nos hace una clara invitación a creer en Él. Creer en Jesús es abrirse a Dios mismo. No se trata solo de aceptar una idea, sino de entrar en una relación viva. Quien se acerca a Él, se acerca al Padre; quien confía en su palabra, comienza a vivir desde una verdad más profunda.
Muchas veces reducimos la fe a algo externo o a momentos puntuales. Sin embargo, el evangelio nos recuerda que creer transforma la mirada, cambia la manera de vivir, ilumina el camino.
En nuestra vida cotidiana, esta invitación nos llama a preguntarnos: ¿mi fe es algo superficial o realmente orienta mis decisiones?
Jesús se presenta como la luz que viene al mundo. No una luz que juzga desde lejos, sino una luz que ilumina, que permite ver con claridad, que ayuda a distinguir el bien del mal.
Todos, en algún momento, experimentamos oscuridad: dudas, confusión, momentos en los que no sabemos cómo seguir. El evangelio no niega esas experiencias, pero nos recuerda que hay una luz disponible.
Abrirse a esa luz implica dejarse iluminar, incluso en aquello que nos cuesta reconocer. Es un camino de sinceridad y de verdad.
Jesús insiste en que su palabra no es algo pasajero. No es una opinión más entre tantas, sino una palabra que orienta, que da vida, que conduce.
En un mundo lleno de mensajes, consejos y opiniones, no siempre es fácil discernir qué camino seguir. Por eso, el evangelio nos invita a volver a lo esencial, a dejarnos guiar por una palabra que no cambia con el tiempo.
En la vida diaria, esto se traduce en decisiones concretas: elegir el bien, actuar con justicia, vivir con coherencia. La palabra de Dios no queda en lo abstracto, se hace vida en lo cotidiano.
El mensaje central de este evangelio es una invitación a vivir en la luz, a creer y a dejarnos guiar por la palabra de Dios. No es un llamado exigente desde afuera, sino una propuesta que conduce a la vida.
Que este tiempo pascual nos ayude a caminar en la luz, confiando en que Dios nos guía, nos sostiene y nos conduce siempre hacia una vida más plena.
Hoy podemos preguntarnos con sinceridad: ¿estoy viviendo en la luz o me estoy quedando en la oscuridad? ¿Dejo que la palabra de Dios oriente mi vida?
Señor Jesús, danos la gracia de creer con más profundidad, de dejarnos iluminar por tu Palabra y de vivir con mayor coherencia nuestra fe. Amén.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza