Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy martes 21 de abril de 2026

Día litúrgico: Martes 3 de Pascua

21 de abril: San Anselmo de Canterbury, obispo y doctor de la Iglesia

Texto del Evangelio (Jn 6,30-35):

La gente preguntó a Jesús:

“¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura:

“Les dio de comer el pan bajado del cielo’”.

Jesús respondió:

“Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo”. Ellos le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les respondió:

“Yo soy el pan de Vida.

El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed”.

Palabra del Señor.

Reflexión

El capítulo sexto del evangelio de Juan, que estamos leyendo en esta semana de pascua, nos lleva a profundizar el tema de la fe en Jesús, verdadero pan de vida que recibimos en cada Eucaristía. Hoy vemos que la gente que comió pan hasta hartarse, no creen en las palabras de Jesús y por ello le exigen signos. Apelan a la memoria de Moisés y al maná que dio a comer al pueblo. ¿Les ha parecido poco el signo de la multiplicación de los panes y los peces obrada por Jesús el día anterior? ¿Por qué, luego de este signo querían proclamarlo rey y hoy ya no le creen? ¡Qué inconstante es a menudo el corazón humano!

Los judíos dicen creer en Moisés y en la Ley porque sus padres comieron pan del cielo en el desierto, un gran milagro que salvó la vida del pueblo en marcha hacia la tierra prometida. Buscan entender, pero en línea de continuidad con la experiencia de Israel. Jesús les hace ver que no fue Moisés, sino Dios, su Padre, el que les dio a comer pan del cielo. También les explica que el nuevo maná, el pan que ha bajado del cielo, es Él mismo.

La respuesta de Jesús es sugerente: “Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed”. Y como cada vez que celebramos el Memorial, se actualiza su entrega, estas palabras nos ayudan a comprender la necesidad que tenemos de ser sostenidos por él.

La obra de Jesucristo, por la que pregunta la gente, es hacer visible y palpable el amor solícito del Padre, que manifiesta lo definitivo de su amor al darnos a su propio Hijo y será Él el verdadero Pan del Cielo. Este Pan es el que da la vida al mundo. Y así como la mujer de Samaría pidió el agua que Jesús ofrecía, éstos pedirán ahora que se les dé este mismo Pan.

Hace apenas tres semanas asistimos a la institución de la Eucaristía en el Jueves Santo, a ese momento en el que Cristo nos da su Cuerpo y su Sangre para que vivamos para siempre. Jesús se hace sacramento para permanecer con nosotros hasta el fin de los tiempos. Él es verdadera carne y verdadera sangre para nuestra salvación.

Que importante es asistir y participar de la Eucaristía, Jesús se nos da gratis, nos está esperando en el sagrario para escucharnos; nos espera en el sacrificio del altar para entregarse a nosotros. Siempre está, siempre permanece, jamás nos abandona. Es el nuevo maná que nos envía el Padre. Debemos ser conscientes del tesoro que tenemos a nuestro alcance.

«Señor, danos siempre de este pan»…Que estas palabras, pronunciadas por los judíos desde su modo materialista de ver la realidad, sean dichas por nosotros con la sinceridad que nos proporciona la fe; que expresen de verdad un deseo ardiente de alimentarnos con el Pan Eucarístico y de vivir unidos a Jesucristo para siempre.

¿Qué hambre predomina en nosotros, el hambre de pan o el hambre de Dios? ¿Tenemos necesidad del pan Eucarístico? ¿Cómo se desarrolla nuestra vida sostenida por este alimento?

Señor Jesús, verdadero pan y verdadera bebida, que te ofreces en cada Eucaristía, danos la gracia de comprender tu presencia real en este sacramento y en nuestra vida cotidiana. Amén.

Bendiciones.

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