Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy jueves 17 de julio de 2025

Día litúrgico: Jueves 15 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 11,28-30):

Jesús tomó la palabra y dijo: Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el evangelio de hoy, encontramos una invitación de Jesús llena de ternura, que amplía nuestro horizonte de esperanza: «Vengan a mí» Con estas palabras, Jesús hace una invitación directa a todos sus oyentes para que se hagan sus discípulos, son los que «están fatigados y agobiados por la carga» y que en el camino discipular encontrarán alivio.

Después de un día agobiante de trabajo o un período de nuestra vida en el que las cosas no han salido precisamente como nosotros las esperábamos, qué reconfortante es escuchar de Jesús, estas consoladoras palabras: «Vengan a mí… y yo los aliviaré».

El “yugo” designaba con frecuencia en el judaísmo contemporáneo de Jesús la observancia estricta de la ley mosaica, que los rabinos habían sobrecargado con tal número de prescripciones que el pueblo sencillo no podía conocer ni observar en su totalidad. De ahí que la mayoría de los maestros judíos, drogados por el legalismo intelectualista, fueran despiadados con el pueblo ignorante de la ley y, por lo mismo, maldito de Dios. Con razón calificó san Pedro la ley mosaica de yugo insoportable en el discurso que pronunció en el concilio de Jerusalén (Hch 15, 10). la Ley del Señor, en lugar de ser fuente de liberación, se había convertido en un fuerte peso para el pueblo que se sentía “fatigado y agobiado” por ella.

El evangelio de Jesús revelado a los pequeños es el nuevo “yugo” que no oprime sino que libera. El evangelio está hecho no para aplastar sino para levantar. A pesar de las exigencias con que Cristo caracteriza su seguimiento, no impone nuevas obligaciones, sino que su Espíritu facilita el llevar las cargas que ya se tienen, aliviando su peso y ayudando a cumplir su voluntad.

Curiosamente, Jesús conserva el término «yugo» que ya empezaba a tener un sentido peyorativo para la gente,  expresando el mejor de sus sentidos: Jesús no impone una nueva carga, sino que intercambia con nosotros la suya: Él toma los fardos pesados de nuestra vida sobre sus hombros y a cambio nos da su corazón “manso y humilde”.

Escuchar hoy esta invitación de Jesús, provoca consuelo, alegría y esperanzas en medio de las luchas cotidianas, especialmente, ante un mundo que muchas veces ha decidido darle la espalda a Dios. ¿Será que los que han marginado al Señor de sus vidas viven más descansados con menos agobios? La experiencia nos dice que la vida cotidiana no se desarrolla hoy exenta de cansancios y problemáticas… muy por el contrario. Sacar a Dios de la vida –tanto privada como pública– no parece que esté produciendo más libertades, una vida más humana, un mundo más igual, más justo.

Siguen siendo muchos los cansancios y los agobios, incluso más y mayores. Brechas que crecen en la distribución de la riqueza; flujos migratorios por motivos políticos o económicos para los que no se encuentran respuestas justas y humanitarias; competitividad egoísta que marca la cultura actual; son realidades que no dejan lugar a encontrar alivio.

Jesús no nos dice que eliminará nuestros problemas, nos dice que los aliviará, porque la cruz nunca desaparecerá de los hombros. No es lo mismo un sufrimiento sin sentido como un dolor con sentido. Hay en nuestra vida cansancios fisicos y también cansancios anímicos y espirituales. Suceden cuando se acumulan los conflictos, las contradicciones, los problemas, las tensiones… Una mañana en una estación del metro, una señora se desplomó y prorrumpió en llanto. «Señora— le pregunté—, ¿Qué le sucede? ¿En qué puedo ayudarla?».Esta fue su respuesta: «No puedo más, no puedo más». Es la expresión cabal de esos cansancios del alma. A estas personas están especialmente destinadas estas palabras de Jesús: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados y encontrarán reposo para sus almas».

Si tu vida y tus proyectos están a medias o no se han realizado como tú lo esperabas, toma un momento de tu jornada para orar, para ponerte en los brazos amorosos de Jesús, él te dará la fuerza y la luz para recomenzar. Solo espera que le entregues tus cansancios y agobios. Quien vive en el Espíritu, encuentra en la Palabra de Dios el camino ágil y ligero para recorrer esta peregrinación terrenal, porque Jesús nos sale al camino y comparte nuestros agobios y cargas con humildad de corazón.

Hoy necesitamos seguir el ejemplo del Señor, necesitamos personas que no carguen a otros, sino que compartan sus cargas. Que no los miren con superioridad, sino que los acojan e integren, pues, la carga es más ligera cuando entra en juego el amor.

¿Encontramos verdadero descanso en el Señor, en la escucha de su Palabra, en la celebración de su misterio en la liturgia? ¿La ley de Dios, es para mí yugo suave que me anima o un peso que me cansa?

Señor, danos la fuerza de resistir a los obstáculos que ponemos a tu Palabra cuando sobrevienen las preocupaciones del mundo; conviértenos en terreno bueno, personas acogedoras, para ser capaces de ofrecer nuestro servicio a tu Palabra. Amén.

Bendiciones

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