Día litúrgico: Miércoles 15 del tiempo ordinario
16 de julio: La Virgen del Carmen
Texto del Evangelio (Mt 11,25-27):
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Palabra del Señor.
Reflexión
Hoy la Iglesia celebra la solemnidad de la Virgen del Carmen, Madre y Reina de Chile. Esta advocación de la Virgen recuerda el monte Carmelo, de Palestina, y el nacimiento de una orden religiosa profundamente mariana, los carmelitas. La gran difusión popular de este título le mereció ser incluido y mantenido en el calendario litúrgico universal. Karmel significa jardín o paraíso de Dios, lo que ha sugerido celebrar a María en su belleza. Ella es quien conduce a los cristianos a Cristo, que es la santa montaña.
En tiempos antiguos, el Monte Carmelo, en Palestina, recordaba las hazañas del profeta Elías. En el siglo XVIII, algunos hombres, “ardiendo de celo por el Dios vivo”, se agruparon allí bajo una regla común y llevaron una vida eremítica. Así nació la Orden del Carmelo, que se puso bajo la protección de María, la Virgen de Nazaret y la Madre de los contemplativos. Su distintivo es el escapulario, entregado por la Virgen, según la tradición, a san Simón Stock a mediados del siglo XIII.
Sin duda que nuestro camino de fe está unido indisolublemente al de la Virgen María. Paradójicamente, cuando la fe de los discípulos se agrieta, por tantas dificultades, miedos e incertidumbres, Jesús les confía a su Madre. Su “sí” a Dios fue incondicional y fiel hasta entregar a su Hijo. Al morir Jesús, María se convierte en nuestra Madre y su corazón herido se ensancha para acoger a todos los hombres, –buenos y malos–, y para amarlos al modo de Jesús.
Al pie de la cruz, María
mantiene encendida la llama de la fe y la irradia, con afecto materno a los demás, para que sus hijos no lleguen a la desesperanza ni pierdan la alegría de vivir. Este acontecimiento a los pies de la cruz no solo es un acto de piedad filial de Jesús hacia su Madre, sino que es una verdadera revelación de su maternidad espiritual. Así, la Iglesia que se funda por la fe en la Palabra de Dios es la “comunidad” que nace al pie de la cruz.
La Virgen nos precede y continuamente nos confirma en la fe, en la vocación y en la misión. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad de Dios, nos ayuda a traducir nuestra fe en un anuncio constante, alegre y sin fronteras del evangelio.
Siempre se ha dicho que somos un país fuertemente mariano. Incluso cierto número de quienes no se declaran católicos, sienten cariño por María. Sin embargo, similar a lo que dijo el P. Hurtado en 1941, cabe preguntarse: realmente, ¿es Chile un país mariano? Porque si de verdad hubiésemos permitido que María entrase a nuestros hogares, otro país habríamos construido.
¿Reconocemos a la virgen como nuestra Madre? ¿En los momentos de dificultad y de cruz, seguimos estando junto al Señor como lo hizo María?
Al celebrar hoy, la Fiesta de la Virgen del Carmen, Madre, Patrona y Reina de Chile, le confiamos nuestro itinerario de fe, los deseos de nuestro corazón, nuestras necesidades y las de nuestro pueblo; y con fe la invocamos todos juntos: ¡Virgen del Carmen, Reina de Chile, salva a tu pueblo que clama a Ti!
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza