Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy miércoles 2 de julio de 2025

Día litúrgico: Miércoles 13 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 8,28-34):

Cuando Jesús llegó a la otra orilla del lago, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino. Y comenzaron a gritar: “¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentamos antes de tiempo?” A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo. Los demonios suplicaron a Jesús: “Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara”. Él les dijo: “Vayan”. Ellos salieron y entraron en los cerdos: éstos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado, y se ahogaron. Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados. Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el Evangelio de hoy vemos cómo Jesús sana, libera y devuelve la dignidad a dos hombres, a dos seres humanos que sufrían a causa de una posesión demoniaca. La curación de estos dos endemoniados sucede en territorio pagano. Es una manera de dar a entender que el reino de Dios y su predicación se abre a todos los hombres, no sólo a los hijos de Israel.

Todo el pasaje de este evangelio, está cargado de simbología: país pagano, posesión diabólica, cementerio como lugar de muerte, y traspaso de los demonios a los cerdos, los animales inmundos por excelencia para la cultura del tiempo. Parece como si Mateo quisiera acumular todos los grados del mal para recalcar después el poder del Señor, que es superior al mal, al maligno, pues lo vence eficazmente.

Son muchos los pasajes de la Escritura que nos muestran como Jesús vence el poder del mal liberando a las personas de su influjo. Así pues, el demonio sólo puede afectarnos si libremente se lo permitimos. Dios nos llama al buen camino, pero respeta la libertad que nos ha dado, por eso, cuando damos lugar al pecado en nuestra vida somos los primeros responsables.

Llama la atención como concluye el evangelio. Los habitantes, en lugar de agradecer al Señor y alegrarse por haber hecho el bien, liberando y sanando a estos pobres hombres que sufrían, se preocupan más por la pérdida material de una piara de cerdos. Como consecuencia, la comunidad muy enfadada rechaza al Señor exigiéndole retirarse de su territorio. La pérdida de los cerdos, y por tanto de aquello que les aporta el sustento económico, es para ellos más importante que la curación de dos personas.

Son las contradicciones que tantas veces vivimos nosotros mismos: ese querer estar al servicio de la vida y de los otros y al mismo tiempo querer defender el propio interés; dos deseos que a veces entran en conflicto y que nos invitan a tomar postura, a definir qué es para nosotros lo importante, sabiendo que, en esa toma de postura, al mismo tiempo, acogemos o rechazamos al Señor.

El Evangelio de este día nos invita a reconocer en nuestras vidas y en nuestro mundo el mal que nos habita y sus efectos sobre nuestra vida personal y las relaciones con los otros, con el mundo, con Dios. Pero también nos llena de esperanza, porque el amor de Cristo es capaz de liberarnos del pecado; sólo Él puede destruir el mal que nos oprime y hacer de nosotros personas nuevas.

¿Somos como los habitantes de aquel lugar, que desaprovechan la presencia del Mesías y no parecen querer que los cure de sus males? ¿Invocamos confiadamente a Jesús para que nos ayude en nuestra lucha contra el mal? ¿Cuál es nuestra actitud ante las personas que sufren y que son maltratadas por sus limitaciones físicas y mentales?

Libéranos, Señor de todas las cadenas que nos atan, de los demonios que nos poseen, de las debilidades que nos impiden una marcha ágil en nuestra vida cristiana. Ayúdanos a vivir como hijos tuyos, libres y guiados por el Espíritu en el amor a los hermanos. Amén.

Bendiciones

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