Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy viernes 27 de junio de 2025

Día litúrgico: Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús (C)

27 de junio: San Cirilo de Alejandría, obispo y doctor de la Iglesia

Texto del Evangelio (Lc 15,3-7):

Jesús dijo a los fariseos y a los escribas esta parábola: Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: “Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido”.

Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

Palabra del Señor.

Reflexión

Hoy celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. La devoción al Corazón de Jesús ha existido desde los primeros tiempos de la Iglesia, desde que se meditaba en el costado y el Corazón abierto de Jesús, de donde salió sangre y agua. De ese Corazón nació la Iglesia y por ese Corazón se abrieron las puertas del Cielo.

Desde tiempo inmemorial, el hombre sitúa “físicamente” en el corazón lo mejor o lo peor del ser humano. Cristo nos muestra el suyo, con las cicatrices de nuestros pecados, como símbolo de su amor a los hombres, y es desde este corazón que vivifica y renueva la historia pasada, presente y futura.

El Corazón de Cristo, no se cansa de buscarnos, de perdonarnos, de abrazarnos. El Sagrado Corazón no es solo un símbolo: es la certeza de que somos amados más allá de nuestras caídas.

En esta solemnidad del Sagrado Corazón, la Palabra de Dios nos invita a contemplar el amor incansable, fiel y misericordioso de Cristo. En la primera lectura el profeta Ezequiel nos presenta a Dios como el Buen Pastor, que sale en busca de la oveja perdida, la cura, la alimenta y le da descanso. No se queda esperando. Que gran alegría es conocer que es Dios siempre quien toma la iniciativa.

En la carta a los Romanos, San Pablo nos recuerda que Cristo murió por nosotros cuando aún éramos pecadores. Su amor no es una recompensa, sino un regalo que no merecemos por nuestros méritos. Su corazón no se cierra ante nuestra fragilidad: la acoge, la redime y la transforma con su gracia y amor.

Y el Evangelio según San Lucas nos muestra la alegría del cielo por un solo pecador que se convierte. El Sagrado Corazón es el gozo del amor que no se rinde, que lleva sobre los hombros a quien ha caído, y celebra el regreso sin reproches.

Todas estas lecturas nos preparan para acoger con gozo el misterio de un amor que no se cansa, que salva y que nos lleva sobre sus hombros con ternura infinita. Su corazón no es otra cosa que su amor. Ese amor infinito por cada uno de nosotros. Siéntelo, experiméntalo. La más grande tragedia que puede sufrir un hombre en esta tierra es no experimentar este amor, no sentirse amado por el corazón de Jesús, por su delicado y perfecto amor. Y más aún, menospreciar ese delicado amor.

El Señor muy acongojado, por la poca respuesta de los hombres a su infinito amor, dirigió en una de sus apariciones a

Santa Margarita María de Alacoque las siguientes palabras: «He aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres, en vez de gratitud, lo que recibo de la mayor parte de la humanidad es sólo ingratitud»

En esta solemnidad se nos invita a mirar hacia lo alto y agradecer el amor misericordioso de Jesús hacia nosotros. Se nos invita a mirar al Espíritu. Amor que procede del Padre y del Hijo y que ha sido derramado en nuestros corazones. De este modo, vivir envueltos en el amor del Dios Uno y Trino.

En cada Eucaristía celebramos el sacramento del amor. Cristo se hace presente y nos comunica la vida que emana de su cruz salvadora, acontecimiento en el que se nos mostró con mayor intensidad el amor que Dios nos tiene y que se ha traducido en modo pleno en el corazón de Jesús atravesado en la cruz.

Conocer pues el Sagrado Corazón de Jesús para creer y corresponder a su Amor, debiera ser la necesidad más honda de nuestro propio corazón. Dejemos que ese Corazón nos mire, nos abrace y nos renueve. Un corazón herido que sana, un corazón roto que ama, un corazón entregado que salva. ¡Sagrado Corazón de Jesús! En Vos confío.

¿La devoción al Sagrado Corazón me lleva a descubrir el amor infinito y misericordioso de Dios a la humanidad expresado en Jesucristo?

Oh Sagrado Corazón de Jesús, fuente de amor y misericordia, en tus manos pongo mi vida y mis preocupaciones. Confío en tu bondad y tu poder. Amén.

Bendiciones

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