Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy jueves 1 de mayo de 2025

Día litúrgico: Jueves 2 de Pascua

1 de mayo: San José, obrero

Texto del Evangelio ( Jn 3,31-36):

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra.

El que vino del cielo está por encima de todo. Él da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio.

El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz. El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos.

El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Palabra del Señor.

Reflexión

Hoy Jesús habla de su procedencia y, a la vez, nos desvela nuestro destino. Él viene de «arriba», del cielo eterno, donde siempre ha existido unido al Padre y al Espíritu Santo. Ahí está también nuestra vida más auténtica. El Hijo de Dios ha venido para descubrirnos esta maravilla, pero nos cuesta despegarnos de la tierra y despertar nuestra aspiración a la eternidad.

Todas las expresiones de Jesús a Nicodemo tienen una única finalidad: resaltar que Él es el enviado de Dios, el Hijo de Dios, y que tenemos que escuchar sus palabras. No son cualquier palabra, son “las Palabras de Dios”. Están muy por encima de las más sabias palabras de un hombre.

Estos versículos del evangelio de Juan que parecen en clara sintonía con el relato de los Hechos de los Apóstoles de la primera lectura, añaden matices importantes en el modo de comprender y expresar la fe.

El que viene del cielo está por encima de todos. Como nos dice la carta a los Hebreos, Dios se nos ha manifestado de muchas maneras a lo largo de los tiempos, a través de personas “de la tierra”, que sólo pueden hablar un mensaje “terreno”. Pero el “enviado” que viene del cielo, está por encima de todos, transmite las palabras de Dios, y da el Espíritu sin medida.

Ese enviado es el Hijo, a quien el Padre ama y en cuyas manos lo ha puesto todo. Y eso significa que lo que “sabemos” sobre Dios, el encuentro con El, la vida que de él recibimos… se nos comunica a través del Hijo. Él es el Único mediador. Con su llegada, las mediaciones que servían como cauce de comunicación de Dios con el pueblo son ya innecesarias. Ninguna mediación -ni las anteriores ni las posteriores- tiene sentido, si no está orientada a facilitar de hecho la posibilidad de encuentro personal con el Señor Jesús. Y se aplica a todos los ámbitos: Instituciones, personas, procesos, celebraciones…

Una última gran noticia: el que cree en el Hijo tiene ya la vida eterna. La promesa de Dios no está referida sólo al futuro después de la muerte. La vida de Dios en nosotros es ya vida eterna. Desde sus orígenes, el hombre ha considerado con respeto su muerte y la vida más allá de la «tierra». Pero, realmente, poco sabíamos de esa «vida de arriba» y de su contenido. Con la encarnación del Hijo de Dios se nos ha desvelado la verdadera vida, la más real: la vida de amistad con Dios, que es «sobre-natural» y, por tanto, sin fin. Sólo se acaba lo de la tierra.

Hoy celebramos la fiesta de san José obrero y el día internacional del trabajo. Es un día festivo para descansar del trabajo cotidiano. Los trabajadores y sus sindicatos suelen aprovechar este día para hacer sus reivindicaciones en defensa de sus derechos. San José, el carpintero de Nazaret, fue un modelo de trabajo para sostener su familia y desarrollar su oficio. Ésta es la forma normal de vivir en este mundo, ganándonos el pan de cada día con el sudor de nuestro trabajo.

Los derechos humanos nos dicen que toda persona tiene derecho a un trabajo digno y bien remunerado. Es así como cumplimos con nuestros deberes y nos ganamos el salario que nos corresponde. San Ambrosio dice que «es un homicidio negar a un hombre el salario que necesita para vivir». Hoy, la Iglesia reza por el mundo del trabajo, para que todo trabajador pueda cumplir sus deberes y vivir con dignidad.

Al celebrar la memoria de san José Obrero, consideramos teológicamente la realidad del trabajo. La Biblia muestra cómo el trabajo pertenece a la condición originaria del hombre. Cuando el Creador plasmó al hombre a su imagen y semejanza, lo invitó a trabajar la tierra… Y el mismo Hijo de Dios, haciéndose semejante en todo a nosotros, dedicó muchos años a actividades manuales.

El trabajo es fundamental para el desarrollo del hombre y de la sociedad. Debe organizarse «siempre» en el pleno respeto de la dignidad humana y al servicio del bien común: el hombre es sujeto y protagonista del trabajo. Al mismo tiempo, es indispensable que el hombre no se deje dominar por el trabajo, que no lo idolatre, pretendiendo encontrar en él el sentido último y definitivo de la vida.

Es necesario vivir una espiritualidad que ayude a los creyentes a santificarse a través de su trabajo, imitando a san José, que cada día debió proveer con sus manos a las necesidades de la Sagrada Familia.

En este día, invoquemos a San José obrero, para que nos ayude a permanecer fieles a Jesús, a creer en Él y a vivir en su Palabra.

¿Nos esforzamos por acrecentar nuestra fe en el resucitado, para estar dispuestos a anunciarlo y obedecerle a él antes que a los hombres? ¿Qué implica creer en sus palabras hoy?

Señor Jesús, queremos vivir una vida de amistad contigo. Concédenos entender las cosas como Tú las entiendes, y amar como Tú amas. Haznos fuertes ante la presión del ambiente en que vivimos, para que no claudiquemos en nuestras convicciones, sino que testimoniemos siempre nuestra fe con alegría y amor. Amén.

¡Feliz día del trabajador!

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