Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy martes 15 de octubre de 2024

Día litúrgico: Martes 28 del tiempo ordinario

15 de octubre: Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia

Texto del Evangelio (Lc 11,37-41):

Un fariseo invitó a Jesús a cenar a su casa. Jesús entró y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó de que no se lavara antes de comer.

Pero el Señor le dijo: “¡Así son ustedes, los fariseos! Purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de voracidad y perfidia. ¡Insensatos! El que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro? Den más bien como limosna lo que tienen y todo será puro”.

Palabra del Señor.

Reflexión

Hoy celebramos la fiesta de Santa Teresa de Jesús, la primera mujer Doctora de la Iglesia. Nació en Ávila (España) el 28 de marzo de 1515 y murió el 15 de octubre de 1582 a la edad de 67 años,

Teresa de Ávila, la reformadora del Carmelo, es una contemplativa y una mujer de acción. La contemplativa entregó el secreto de su camino de perfección hacia Dios en libros que han hecho de ella una maestra de vida espiritual. La fundadora recorrió España para fundar monasterios, introduciendo la gran reforma carmelitana con san Juan de la Cruz. El alma de Teresa estaba unificada en su sed de vivir “sola con el Solo”.

Santa Teresa descubrió en el encuentro con Jesús una fuerza especial para actuar y renovar su vida y la de los demás. El Sinodo de la Sinodalidad tiene esta intención, renovar pastoralmente a la Iglesia, para ello, como la santa, dejémonos encontrar con Jesús y aprendamos de Él. No tenemos un maestro mejor. Ni otra fórmula mejor para renovarnos y renovar nuestra pastoral.

Santa Teresa de Jesús, fue canonizada en 1622 y reconocida como Doctora de la Iglesia por el Papa Pablo VI en 1970.

En el evangelio de hoy, vemos a Jesús que entra como invitado en la casa de un fariseo. Al llegar omite el lavatorio de las manos que prescribía la Ley para el momento de sentarse en una comida. Esto sorprende al anfitrión: «se extrañó de que Jesús no hubiera cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer». La observación suspicaz del anfitrión da a Jesús la ocasión para una enseñanza contra los fariseos y los escribas.

Las controversias de Jesús con los fariseos son frecuentes en los evangelios. Lucas las suele situar en el contexto de alguna comida. Quizá esa circunstancia ayude a comprender, por una parte, que a pesar de ser adversarios del Señor, comen junto a él, y que en ese marco de relaciones los reproches pueden ser mejor asimilados y las discrepancias más claramente percibidas.

Generalmente los fariseos critican a Jesús por no observar las prescripciones rituales que impone la ley –en este caso, lavarse las manos antes de comer-, lo que le coloca en una situación de impureza legal. Para Jesús, sin embargo, la auténtica pureza no depende de las abluciones o lavatorios rituales, sino ante todo del comportamiento global de la persona que conecta con el corazón de Dios. Y así trata de hacérselo ver a los demás comensales, tildando de hipócritas a los que se fijan más en lo externo que en el interior.

Jesús reprocha a los que se preocupan demasiado por cumplir los ritos exteriores, con la intención de ser bien vistos. Para no caer en este error, hay que profundizar antes en los valores que provie­nen de la Palabra de Dios y de la Tradición eclesial y de preocuparnos más por lo que es esencial que de lo secundario.

Vivir de las apariencias fingiendo lo que uno no es, es una actitud que nos acompaña desde tiempo inmemorial. Querer parecer otros, mejores ¡por supuesto!, vicia nuestras relaciones, especialmente con quienes más queremos. Quien no aprende a ser honesto con los demás, ¿cómo va a llevar una relación honesta con Dios?.

Estamos en el tiempo de la imagen, el tiempo del Instagram, la foto, la imagen, es la que llega a los demás. Parece que solo eso sirve. Mirarnos por dentro, no da créditos, ¿para qué?, si podemos engañar a todos, teniendo una buena imagen.

Hasta en nuestros círculos cristianos, llega esa corriente. Importa lo que los otros ven, entonces hay que limpiar la copa por fuera, hacer dieta esperando el verano, broncear la piel, conservar bien el aspecto, usar buena ropa, posar de frente y de costado, dar una imagen sensual… imágenes, que por conservarla, enferman.

Nos llenamos de ritos y creemos que eso basta. ir a Misa, ir a una peregrinación, persignarnos, cumplir ciertos ritos familiares, ser fiel a tal “virgencita” . Pero, a pesar de todo esto, el corazón sigue lejos de Dios.

Ojalá nuestra presencia exterior, sea fiel reflejo de la interior. Que nuestros labios hablen bondad, que nuestros ojos sean faros que alumbren con la luz interior de un corazón puro, que nuestro gesto del rostro, sea fiel reflejo de la misericordia que habita en el corazón, que nuestra sonrisa sea por la esperanza que proviene  desde el interior. Por eso, en este día, trata de darte cuenta en qué grado eres coherente entre lo que sientes, piensas, dices y haces.

¿Qué es lo que nos preocupa: el ser o el parecer? ¿Cumplir los ritos externos o la conversión y la pureza del corazón? ¿Nos quedamos tranquilos al cumplir las normas o nos alegramos con la novedad del evangelio? ¿Construimos comunidades donde se viva según el impulso novedoso del espíritu Santo?

Señor Jesús, libera nuestro corazón de la apariencia, el engaño y la superficialidad, que nos apartan de tu amor y nos llevan a criticar y juzgar con dureza a los hermanos. Que no sustituyamos el amor por el ritualismo; porque amar es cumplir tu ley enteramente amén Amén.

Bendiciones.

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