Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy lunes 14 de octubre de 2024

Día litúrgico: Lunes 28 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 11,29-32):

Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: “Ésta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.

El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay Alguien que es más que Salomón.

El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay Alguien que es más que Jonás”.

Palabra del Señor.

Reflexión

Las palabras que dirige Jesús a su auditorio son duras y contundentes. ¡Se le nota disgustado! ¿Por qué? Está harto de que le pidan milagros y, cuando los hace, entonces le dicen que está endemoniado. Volvemos a lo de siempre: Dios no es un actor de circo; no hace “milagritos” para entretener a la gente, sino para aliviar el sufrimiento de los pobres. He ahí el “gran milagro”: al tercer día apareció vivo como Jonás, después de haber entregado su Vida por ti en la Cruz.

Los paganos si supieron reconocer la voz de Dios en los signos de los tiempos. Y los del pueblo elegido, no. Una vez más resuena la queja con que empieza el evangelio de Juan: “Vino a su casa y los suyos no lo recibieron”. Los judíos se distinguían por pedir milagros, mientras que los griegos buscaban sabiduría. Puede quedar retratada aquí nuestra generación, cuyo afán de cosas espectaculares y sensacionales, apariciones y revelaciones, es también insaciable.

El signo mejor que nos ha concedido Dios es Cristo mismo, su persona, su palabra. Pero todavía hay mucha gente que continúa buscando los milagros del Señor, en lugar de buscar al Señor de los milagros. Día a día, Dios nos da signos de su presencia, de su amor y nos invita a vivir en él, a confiar en él, a tenerlo verdaderamente como nuestro Dios y Señor.

Basta abrir bien nuestros ojos, sobre todo los del corazón, y nos daremos cuenta que habita entre nosotros, que nos protege en nuestras dificultades, que ni un momento estamos solos. Los que no lo ven o no lo sienten cercano, generalmente es porque no oran. Si tú no quieres ser de los que se pasan la vida pidiendo a Dios una señal, ora y como resultado: verás, oirás y amarás.

¿Habrá en nuestra vida actitudes como las que critica Jesús en el evangelio? ¿Sabemos leer e interpretar los signos de Dios en los acontecimientos de la historia y en las personas que encontramos a nuestro paso? ¿Respondemos a estos signos con una conversión sincera? ¿Qué estamos exigiendo nosotros para creer y adherirnos a la persona de Jesús: una voz misteriosa, un signo claro y milagroso?.

Con sencillez pidamos al Señor que aumente nuestra fe, para poder contemplar los signos de su permanente presencia en nuestra vida. Amén.

Bendiciones.

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