Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy jueves 3 de octubre de 2024

Día litúrgico: Jueves 26 del tiempo ordin

Texto del Evangelio (Lc 10,1-12):

El Señor designó a otros setenta y dos, además de los Doce, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde Él debía ir.

Y les dijo: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni provisiones, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

Al entrar en una casa, digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!» Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario.

No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; sanen a sus enfermos y digan a la gente: «El Reino de Dios está cerca de ustedes». Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: «¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca».

Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad”.

Palabra del Señor.

Reflexión

San Lucas recoge en su evangelio un importante discurso de Jesús, dirigido no a los Doce sino a otro grupo numeroso de 72 discípulos a los que envía de dos en dos, para que colaboren con él en su proyecto del Reino de Dios. Las palabras de Jesús constituyen una especie de carta fundacional donde sus seguidores han de alimentar su tarea evangelizadora.

Nuevamente el Señor insiste en la urgencia de la misión, el Reino de Dios ya esta actuando en la persona de Jesús, es urgente convertirse, seguir a Jesús y anunciarlo a todos. Tres ideas refuerzan esta insistencia del Maestro: “no se detengan a saludar a nadie por el camino”, “el Reino de Dios está cerca de ustedes” y “la cosecha es abundante pero los trabajadores son pocos”. Pero la misión no es fácil, por eso los envía como ovejas en medio de lobos, lo que indica la situación del discípulo en medio de un mundo hostil.

Las palabras de Jesús discurren entre las dificultades y consideraciones. El estilo misionero de Jesús tiene sus luces, que nada tienen que ver con las fuerzas mundanas. Primero pide oración para que haya más obreros para predicar, para el cuidado de quienes aceptan la llegada del Reino de Dios, anunciado como ya presente. Luego, les instruye para que su evangelizar sea una predicación que lleve implícita un testimonio de vida, importante para ser creíbles. Finalmente les hace tomar conciencia de la responsabilidad de su anuncio, que es un anuncio de paz. Nuestra misión, a pesar de los rechazos, será siempre seguir anunciando el Reino de Paz que trae el Señor.

Hace ya un tiempo, el Papa Francisco nos ha dicho algo que vale la pena recordar: “La Iglesia ha de salir de sí misma a la periferia, a dar testimonio del evangelio y a encontrarse con los demás”. “¿Estamos decididos a recorrer caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheraremos en estructuras caducas que han perdido la capacidad de respuesta?»

Cuando levantamos los ojos y vemos un mundo consumido por el egoísmo, un mundo que se destruye a sí mismo con guerras, injusticia y vicios; cuando vemos que aún el mensaje del evangelio no penetra nuestros corazones ni las estructuras del mundo, podemos comprender que efectivamente «La mies es mucha y los obreros pocos». Y no es que el Señor haya desatendido la oración de la Iglesia, sino más bien, que pocos son los que han respondido a su invitación.

Si cada uno de los bautizados tomara en serio su papel, en la Iglesia se multiplicarían las manos y el trabajo sería mucho más fácil. Se podría llegar hasta donde el evangelio no ha llegado. Jesús nos llama a cada uno de nosotros, seamos casados, solteros o religiosos consagrados, a participar activamente en la evangelización.

Tomemos con celo este llamado y, desde nuestra vocación particular, hagamos cuanto esté de nuestra parte para que el evangelio impregne todas las estructuras de nuestra sociedad, para que Cristo sea verdaderamente el Señor de todos los corazones.

¿Cuáles son las condiciones básicas que debe tener un discípulo del Señor?  ¿Contagiamos esperanza a nuestro alrededor? ¿Se nos podría caracterizar como personas que dan testimonio en su vida, de una fe alegre, positiva, que infunde paz? ¿Estamos orando para que en la viña del Señor no falten buenos y santos operarios del Reino? ¿Hemos participado alguna vez en misiones rurales o urbanas?

Aparta de nosotros, Señor, el miedo a ser rechazados a causa de la predicación de tu Palabra, pero también el falso orgullo y la vanidad por el “éxito” de la misma. Más bien, haz que sepamos transmitir la alegría de quien es llamado a compartir con Dios la propia vida. Amén.

Bendiciones.

(Visited 28 times, 1 visits today)