Día litúrgico: Viernes 21 del tiempo ordinario
30 de agosto: Santa Rosa de Lima, virgen (Patrona del Perú)
Texto del Evangelio (Mt 13, 44-46):
Jesús dijo a la multitud:
«El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró».
Palabra del Señor.
Reflexión
En el evangelio de hoy, una vez mas Jesús habla del Reino de los Cielos, o del Reino de Dios. En este caso el Reino es comparado con dos objetos sumamente valiosos: un tesoro escondido y una perla fina. En estas dos parábolas, se nos deja ver que el Reino es algo tan maravilloso que, quien lo descubre, podríamos hoy decir, quien lo experimenta, tiene por «basura», como dirá san Pablo, todo lo demás.
Cuando hablamos de tesoro nos referimos a algo de valor excepcional, de la máxima apreciación, no a cosas o situaciones que, aunque amadas, no dejan de ser fugaces y chatarra barata, como son las satisfacciones y placeres temporales: aquello con lo que tanta gente se extenúa buscando en el exterior, y con lo que se desencanta una vez encontrado y experimentado.
Podemos decir que las características del tesoro, son las siguientes: Es lo que permanentemente me atrae y fascina; lo que me llena y da felicidad, no cinco minutos, ni cinco días, ni tres años, sino permanentemente, algo compatible con los sinsabores de la vida; es también la fuente de mi energía, donde acudo en busca de fuerzas e ilusión cuando la debilidad me circunda; es también desde donde juzgo, valoro y vivo todo lo que se me presenta en la vida.
Para nosotros los cristianos, es claro que ese tesoro escondido que hemos encontrado es el mismo Jesús. Él es nuestro mayor tesoro, la perla más preciada, y la mejor compra que hemos hecho en nuestra vida.
Quien ha tenido la experiencia de Dios, quien ha experimentado que Dios le ama, se da cuenta que la vida en su amor, la vida en el Reino, es la única que vale la pena vivirse, es tal la felicidad, la paz, el gozo que experimenta viviendo en el Reino, que no desprecia sufrimientos, humillaciones y hasta la vida misma, con tal de permanecer en él. La vida vivida en Jesús, por medio del Espíritu Santo, es decir, la vida del Reino, es tan hermosa que nada se puede comparar a ella.
Si hoy el mundo continúa fascinado con los placeres, la moda y otras vanidades, es porque no ha descubierto esta perla preciosa, es porque no se ha dejado seducir por el amor de Dios, es porque no ha probado la vida que ofrece el evangelio. Si tú todavía no la has vivido, si todavía no la has experimentado, pídele en tu oración a Jesús el poder descubrir esa perla, ese tesoro, pues esto cambiará totalmente tu vida.
Hoy celebramos la fiesta de Santa Rosa de Lima. Es la primera santa canonizada del Nuevo Mundo. Fue una muchacha sencilla, piadosa, trabajadora. Retirada en el jardín de sus padres, vivió, como laica, el ideal dominicano de contemplación e irradiación apostólica. Tuvo gran devoción y afinidad con Santa Catalina de Siena.
De gran fortaleza interior, soportó toda clase de contratiempos, malentendidos y enfermedades que ella tomó como ejercicio de penitencia y de unión con los sufrimientos de Cristo, y también como ofrenda por la salvación de los indios americanos. Murió en Lima en 1617 y fue canonizada el 12 de Abril de 1671.
La figura de Santa Rosa y el evangelio de este día, debe llevarnos a reflexionar sobre qué tan feliz se es siguiendo el camino de Cristo, si el creyente es capaz de dejar todo por adquirir ese tesoro que ha encontrado, o si por el contrario le cuesta desprenderse de cosas que no dejan que el seguimiento de Cristo sea pleno.
Estas parábolas coinciden en dejar todo por un tesoro mayor. Santa Rosa lo hizo, perdió la belleza que los demás admiraban de ella, perdió su puesto en familia, todo para seguir a Jesús, para vivir plenamente el Reino de Dios con su vida, la cual perdió siendo bastante joven.
Que ojalá todos sigamos el ejemplo de Santa Rosa y al igual que en las parábolas dejemos todo por ir en pos del Reino de los Cielos.
¿Es Jesús tu mayor tesoro, la perla más preciada? ¿Encontramos en las palabras del Señor nuestro gozo y nuestra alegría? ¿Somos capaces de compartir el gran tesoro que es Jesús, o lo guardamos solo para nosotros?
Señor Jesús, concédenos imitar a Santa Rosa de Lima, que en su sencillez y humildad, supo descubrir en ti el verdadero tesoro y lo valoró hasta arriesgar su vida para llegar a poseerlo. Amén.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza