Día litúrgico: Lunes IV (A) de Pascua
27 de abril: La Virgen de Montserrat, patrona principal de Cataluña
Texto del Evangelio (Jn 10,11-18):
Jesús dijo a los fariseos: Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y la dispersa. Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas. Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí –como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre– y doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor. El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla. Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre.
Palabra del Señor.
Reflexión
El evangelio de hoy nos invita nuevamente a contemplar el rostro de Jesús Buen Pastor. Imagen que caracterizaba la liturgia de ayer domingo. El evangelista Juan nos ofrece en este hermoso texto, cuáles son las características de una auténtica representación de Jesús como Buen Pastor.
En primer lugar, el “Buen Pastor” conoce y se preocupa de sus ovejas. No las abandona nunca. No las olvida. Vive pendiente de ellas. Está siempre atento a las más débiles o enfermas. No es como el pastor mercenario que, cuando ve algún peligro, huye para salvar su vida abandonando al rebaño. No le importan las ovejas.
Jesús había dejado en la gente un recuerdo imborrable. La figura de Jesús buen pastor fue muy pronto la imagen más querida por sus seguidores. Ya en las catacumbas de Roma se le representa cargando sobre sus hombros a la oveja perdida. Los relatos evangélicos lo describen preocupado por los enfermos, los marginados, los pequeños, los más indefensos y olvidados, los más perdidos. No parece preocuparse de sí mismo. Siempre se le ve pensando en los demás. Le importan sobre todo los más desvalidos.
Pero hay algo más. “El Buen Pastor da la vida por sus ovejas”. Hasta cinco veces repite el evangelio de Juan este lenguaje. El amor de Jesús a la gente no tiene límites. Ama a los demás más que a sí mismo. Ama a todos con amor de buen pastor que no huye ante el peligro, sino que da su vida por salvar al rebaño.
Por eso, la imagen de Jesús, “Buen Pastor”, se convirtió en un mensaje de consuelo y confianza para sus seguidores. Los cristianos aprendieron a dirigirse a Jesús con palabras tomadas del salmo 22: “El Señor es mi pastor, nada me falta…aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo…Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida”.
Jesús, Buen Pastor, es el espejo en que tendríamos que mirarnos todos los que de alguna manera somos “pastores”, o sea, tenemos encargos de autoridad o de ministerio con relación a otros: en la Iglesia, en la parroquia, en la comunidad religiosa, en la familia, en cualquier agrupación cristiana o humana.
El auténtico discípulo del Señor está llamado a encarnar en su historia los rasgos esenciales del Buen Pastor, cuya identidad propia, como hemos visto, es la del amor gratuito por su rebaño. Es bueno que hoy hagamos un examen de conciencia, pensando ante todo si en verdad somos nosotros mismas ovejas de Cristo: si lo conocemos, obedecemos su voz y lo seguimos. Pero también, en cuanto estamos revestidos de mayor o menor autoridad para con los demás, mirando las cualidades que Jesús describe y cumple.
¿Somos buenos pastores? ¿Nos preocupamos de los demás? ¿Buscamos su interés, o el nuestro? ¿Nos sacrificamos por aquellos de los que somos encargados, hasta dar la vida por ellos? ¿Les dedicamos gratuitamente nuestro tiempo? ¿Se puede decir que nuestro trabajo pastoral continúa la misión de Jesús-Pastor?
La experiencia de sentirnos amados por Dios ¿Qué tanto nos motiva para entregar nuestra vida al servicio del prójimo? ¿Qué voz seguimos cuando escuchamos tanto ruido en nuestra sociedad?
Señor, vivimos dispersos y solitarios. Gracias por ser el Pastor que nos reúne y nos conduce hacia la vida eterna. Amén.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza