Día litúrgico: Viernes 17 del tiempo ordinario
1 de agosto: San Alfonso Mª de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia
Texto del Evangelio (Mt 13,54-58):
Al llegar a su pueblo, Jesús se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados.
“¿De dónde le vienen, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?”
Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. Entonces les dijo: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia”.
Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.
Palabra del Señor.
Reflexión
La escena del evangelio de hoy se sitúa en la sinagoga de Nazaret. Mateo narra el momento en el cual Jesús, después de haber asumido solemnemente su tarea mesiánica, es despreciado por su propio pueblo de Nazaret. Eran parientes, amigos, vecinos a quienes apreciaba, pero justamente ellos le rechazan y por esto no podrá hacer llegar allí, su mensaje de salvación.
El pasaje de san Mateo asegura el sentimiento de admiración y de encanto con que reaccionó primeramente el auditorio que escuchaba a Jesús. Más no tardaron, en pasarse de la maravilla al escándalo por lo que hacía y decía una persona sobradamente conocida y desconcertante. Jesús no encontró eco en los cercanos que distinguían a lo lejos hasta su timbre de voz. Lo consideraban demasiado suyo para que le dieran audiencia y acogida sin recelos.
A sus conciudadanos, no les cuadraban dos cosas por ellos desconocidas: los milagros que obraba y la sabiduría con que hablaba. Ninguna de las dos correspondía al hijo de José el carpintero, ni al de María, su madre, ni a una persona bien identificada y conocida por su parentela. Para realizar milagros se necesitaba un poder divino, «¿quién le daba al hijo del carpintero semejante poder? ¿Eran facultades humanas propias o eran poderes divinos que actuaban en él? Para manifestar sabiduría, sin más, se necesitaba un aprendizaje, una asistencia a determinadas escuelas y nada de esto habían observado en Jesús de Nazaret. Además, no era cualquier sabiduría, sino la especial que salía de sus labios, «esa sabiduría», exclamaban.
El paso de Jesús por Nazaret, de algún modo fue doloroso. El pueblo que lo había seguido por los milagros que realizaba y por la sabiduría con que enseñaba, le dio la espalda, rehusó su llamada a la conversión. Se decepcionaron de Él porque no correspondía su modo de ser y de actuar al del mesías que ellos esperaban. En realidad lo que les impide dar el paso de la fe y adherirse a Él es su misma persona. El texto de Mateo lo afirma explícitamente: «se escandalizaban a causa de él».
Jesús responde a sus coterráneos citando un proverbio, probablemente conocido por ellos, con el que les hace ver la experiencia que le están haciendo vivir: «Un profeta sólo es despreciado en su pueblo y entre los suyos».
Ciertamente el lugar más difícil para que nuestro testimonio y nuestro anuncio evangélico sea aceptado es nuestro propio medio, y más aún, nuestra propia casa. Ni para el mismo Jesús fue diferente.
Generalmente, la gente que vive con nosotros no es fácil de convencer. Sin embargo, es ahí donde podemos verdaderamente ser luz, ser modelo. No se trata de imponer, sino de convencer; no se trata de acusar, sino de amar. Muchas veces, vale más nuestro testimonio de amor silencioso, que muchas exhortaciones y amonestaciones, que lo único que consiguen, es dividir y generar discordia, sobre todo, en la familia, lugar que debe ser de paz y armonía.
Si experimentamos problemas y no vemos cambios en nuestra propia familia o comunidad, recordemos las palabras de San Pablo: «Cree tú, y creerá tu familia».
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
¿Cuál es mi actitud ante Jesús? ¿Acepto su evangelio, aunque me desconcierte e interpele? ¿Soy consciente de mi vocación profética en el mundo? ¿Con qué ojos miro las palabras y acciones de quienes conozco? ¿los etiqueto antes de tiempo? ¿Es la desconfianza una de nuestras características en el encuentro con el hermano?
Señor Jesús, verdadero profeta y evangelizador, que fuiste despreciado en tu pueblo y en tu entorno familiar, danos la gracia de apreciar, respetar y escuchar, a quienes en nuestra comunidad, se dedican a anunciar tu palabra. Amén.
Bendiciones
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