Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy lunes 16 de junio de 2025

Día litúrgico: Lunes 11 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 5,38-42):

Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. Pero Yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el pasaje del evangelio de hoy Jesús no invita a vivir el amor con radicalidad, “hacer el bien”, renunciando a cualquier tipo de actitud de resignación o apatía, desplegando todas nuestras capacidades para que nuestro mundo plasme el ideal de Dios, que es el Reino así podremos decir con el salmista: «El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia!» (Sal 97,2)

Jesús hace referencia a la ley del talión, que permitía ante una ofensa, aplicar el “ojo por ojo y diente por diente”. En su origen, esta ley surgió como un freno a la venganza desmedida. Jesús, al radicalizar la ley, exige mucho más: pide directamente deponer la venganza. Jesús manda a sus seguidores humanizar la convivencia social a veces intolerante e individualista, con el perdón y la generosidad. “Saben que está mandado: Ojo por ojo, diente por diente. Pero yo les digo: No hagan frente al que los agravia”. Esta expresión marca un antes y un después. Y el después es la negación absoluta de cualquier tipo de violencia, de injusticia, de atropello y violación de la dignidad humana.

La consigna de Jesús tiene aplicación cada día y a todas horas, porque estamos siempre acosados por la injusticia y la revancha. Los conflictos y las reclamaciones por lo que cada uno considera sus derechos, es crónica diaria a todos los niveles: cívico, administrativo, laboral y familiar, incluso entre amigos, socios y compañeros. Sin embargo, Jesús no patrocina ni establece simplemente como norma una tonta resignación o un estúpido apocamiento ante la violencia, el fanatismo, la explotación o la injusticia. No se le niegan al discípulo de Cristo los derechos humanos, pero el nivel del amor debe primar sobre el nivel jurídico.

Naturalmente, poner la otra mejilla, dar también el manto, caminar todo el espacio y tiempo que sea necesario, no rehuir los compromisos, no significa cooperar con el mantenimiento de la injusticia. A menudo se ha confundido la expresión “poner la otra mejilla” con la idea de la renuncia a nuestros derechos legítimos. No se trata, tal vez, de poner la otra mejilla al pie de la letra. Pero sí, de aprender el espíritu de reconciliación, no albergar sentimientos de represalia personal, no devolver mal por mal, sino cortar las escaladas del rencor en nuestro trato con los demás. Jesús nos ha enseñado a amar a todos, también a los que no nos aman.

Poner la otra mejilla quiere decir denunciar e interpelar a quien ha cometido una injusticia contra nosotros, y hacerlo con un gesto pacífico pero decidido; es como decirle: «Me has pegado en una mejilla, ¿qué, quieres pegarme también en la otra?, ¿te parece bien tu proceder?». El mismo Jesús pidió explicaciones, en presencia del sumo sacerdote, al guardia que lo abofeteó: «Si he hablado mal, demuéstrame en qué, pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?». No es lícita ninguna práctica, razón o argumento de tipo espiritual que pueda justificar los atropellos y violaciones de la dignidad de toda persona humana. Ni Jesús ni los cristianos permanecen indiferentes ante las injusticias, sino que las denuncian.

Vemos, pues, cuál debe ser la conducta del cristiano: no buscar revancha, pero sí mantenerse firme; estar abierto al perdón y decir las cosas claramente. Ciertamente no es un arte fácil, pero es el único modo de apaciguar la violencia y manifestar la gracia divina a un mundo a menudo carente de gracia. ¡Qué mal suena eso de ‘ojo por ojo, diente por diente’! —Si tú me das, prepárate porque… ¡Qué feo! Desgraciadamente no son cosas del pasado: hay guerras, incluso en nuestras propias familias que nunca se acaban, porque nunca se perdona.

El perdón es una de las cualidades más finas del amor. Jesús nos da un ejemplo maravilloso cuando, en la pasión, pide al Padre que nos perdone. Cuando no perdonamos a alguien, le estamos manteniendo en deuda con nosotros; en cambio, si le perdonamos lo liberamos.

¿Cómo asumo los planteamientos de Jesús en nuestros días? ¿Cómo trato de aplicarlos? ¿Has sentido alguna vez una rabia tan grande como para querer aplicar la venganza “ojo por ojo”, diente por diente”? ¿Cómo hacer para superarla?

Señor Dios, que no quieres la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, enséñanos y ayúdanos a vencer el mal con el bien, haz que creamos que es posible un mundo nuevo donde reinen el amor y el perdón. Amén.

Bendiciones.

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