El pasado domingo 8 de junio, la comunidad católica de Quilleco se reunió con profundo fervor en el Templo Parroquial para celebrar la Solemnidad de Pentecostés, fecha en que la Iglesia conmemora la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y la Virgen María. Esta significativa celebración litúrgica estuvo marcada por varios momentos de especial emoción y renovación para la comunidad.

Uno de los hitos más destacados fue la incorporación de cuatro nuevos Servidores del Altar: Coralain, Matilda, Josefa y Cristóbal, quienes tras un tiempo de preparación y formación recibieron la bendición de sus albas litúrgicas. La procesión de entrada fue encabezada por la Cruz Alta, seguida de los nuevos acólitos, quienes recitaron la Oración del Monaguillo antes de incorporarse al presbiterio. Su compromiso marca el inicio de un servicio fundamental para el desarrollo de la vida litúrgica de la parroquia, participando activamente en la misa y otras celebraciones.
Los servidores del altar, conocidos también como monaguillos, son miembros de la comunidad que colaboran estrechamente con el sacerdote y el diácono durante la Eucaristía, ayudando en la preparación del altar, los objetos sagrados y fomentando una liturgia ordenada y reverente.

Además, la celebración estuvo enriquecida por la presencia de las Hermanas de la Misericordia de Verona, encabezadas por su Superiora Regional para Argentina y Chile, Hna. Teodora Taimó, junto a las Hermanas Lucía, Mariana y Regina, quienes actualmente desarrollan su misión en la Parroquia de Santa Bárbara. Su visita fue motivada por la alegría compartida ante la próxima canonización de la Beata María Vicenta Poloni, cofundadora de su Congregación junto al Beato Carlo Steeb.
La Congregación de las Hermanas de la Misericordia estuvo presente en la Parroquia de Quilleco desde mediados de los años 90, realizando una labor abnegada por más de 17 años al servicio de los enfermos, niños, jóvenes y personas laicas. Su partida en 2013 dejó una profunda huella en la comunidad, recordando con cariño a las Hermanas Carla, Gabriela y Celina, anterior a ellas; Hermana Cerafina e Inmaculata. No obstante, su legado espiritual sigue presente y se hace especialmente visible en un acontecimiento que marcó profundamente a la parroquia.

Se trata del milagro atribuido a la intercesión de la Beata Vicenta Poloni, ocurrido a la Sra. Audelia Parra, miembro de la comunidad parroquial, quien sobrevivió de forma inexplicable a una grave hemorragia interna tras una intervención quirúrgica en la que se le perforó la arteria aorta, situación médica de la que muy pocos pacientes sobreviven. En ese momento crítico, su nieto —el actual padre Álvaro Martínez, en ese entonces seminarista mayor— elevó una oración ferviente a Dios por intercesión de la entonces Beata Vicenta. El padre Álvaro, quien hoy celebra su séptimo aniversario sacerdotal, tuvo una formación espiritual guiada por el testimonio de las Hermanas en su niñez y juventud, lo que dio aún mayor profundidad a este momento de fe.
Tras años de análisis y estudios teológicos, los cardenales encargados del caso dieron por válida la autenticidad del milagro, y el Papa Francisco autorizó la canonización de la Beata Vicenta, hecho anunciado oficialmente en enero de este año. La noticia movilizó a medios de comunicación locales y nacionales, dada la rareza de los milagros oficialmente reconocidos por el Vaticano que permiten a una beata subir a los altares como santa. La Sra. Audelia, con su reconocida sencillez, ha dado testimonio en varios medios de esta experiencia extraordinaria.

A raíz de esta importante noticia, la comunidad parroquial ha retomado el vínculo con las Hermanas para organizar actividades que permitan conocer más profundamente el carisma y legado de la Madre Vicenta. En el Templo Parroquial ya se ha instalado una imagen de la futura santa, donde los fieles pueden orar y pedir su intercesión.
La historia de María Vicenta Poloni es un ejemplo de vida humilde y entregada a los más necesitados. Joven italiana, de intensa vida de oración y contemplación, conversó con su confesor, el converso Padre Carlo Steeb, sobre su anhelo de servir a Dios de forma concreta. De esa inquietud nació la Congregación de las Hermanas de la Misericordia, orientada al cuidado de los enfermos, ancianos y huérfanos víctimas de la guerra. Mujer de bajo perfil, Vicenta nunca buscó protagonismo y su legado silencioso hoy florece en diversas partes del mundo: Italia, Brasil, Tanzania, Burundi, Portugal, Argentina y Chile, entre otros.

La celebración de Pentecostés de este año, en la que se entrelazaron la vida parroquial actual con la historia espiritual de la comunidad, fue un verdadero testimonio de continuidad en la fe, servicio generoso y esperanza viva. El próximo 13 de junio, el Papa León XIV dará a conocer la fecha oficial de canonización —algunas de las cuales fueron postergadas tras el fallecimiento del Papa Francisco—, y desde ya se están preparando encuentros y actividades formativas para celebrar como Iglesia esta noticia de santidad que nace desde Quilleco al mundo.
Cristian Escobar San Martín
Corresponsal Parroquial
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Regina Coeli Una Señal de Esperanza