Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy viernes 30 de mayo de 2025

Día litúrgico: Viernes 6 de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 16,20-23):

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo. También ustedes ahora están tristes, pero Yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar. Aquel día no me harán más preguntas.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el evangelio de hoy Jesús anuncia y no oculta a sus discípulos los sufrimientos que le esperan por su compromiso con el Reino. Les Habla de tristeza, pero también de alegría, de momentos de luces pero también de sombras. Los apóstoles iban a sufrir la pérdida irreparable de la presencia de Jesús, pero ese dolor, es el paso obligado para entrar a ver una nueva vida.

Hay dolores que son de parto. Podemos sacar hoy esa conclusión a partir de esta pequeña parábola en la que Jesús compara su pascua con la hora de una mujer cuando va dar a luz. Hay sufrimientos inútiles, creados por psicologías raras, pero la comparación con la mujer nos comunica la convicción de que amar a otros y entregarles vida, tiene un precio y un precio que puede ser costoso, pero cuando hemos conseguido y consentido en alumbrar la vida para alguien, sin dar importancia a ese precio, nuestra vida se llena de alegría y de plenitud.

Jesús estaba a punto de pasar, a través de su pasión y muerte, hacia la alegría de su resurrección. En él nacería, desde sus sufrimientos, una nueva vida, gloriosa y resucitada. Los discípulos tendrían que pasar por el dolor de la separación de Jesús, y así apareció en ellos la duda e incertidumbre de su fe, que sería violentamente probada durante la pasión. Pero la crisis y el dolor dio paso a un nuevo alumbramiento: una fe renovada y una nueva presencia del Señor.

Uno de los grandes misterios del seguimiento de Cristo, de su proyecto salvador, está justamente en este pasaje. En él encontramos al ser humano en su realidad cotidiana, en su ser corporal, social, afectivo y espiritual. El dolor y la tristeza al lado de la alegría, marcan su diario vivir.

¡Cuánta alegría siente una familia al recibir un nuevo miembro! Es una alegría que llena el alma, pero ¿cuánto dolor se tuvo que sufrir? Mucho dolor durante algunos minutos u horas, pero ese dolor se ha transformado en todos en una alegría inmensa.

También, cuando van a operar a una persona, ésta se siente afligida y no piensa en otra cosa que en lo que le está sucediendo, pero cuando ha pasado todo, después de esas horas de suspenso, se siente tranquila y en paz, hasta con una mayor alegría de seguir el camino con vida.

Así es la vida del hombre, los dolores siempre preceden a las alegrías, y a veces es al revés. Nunca hay un estado perpetuo de alegría o de dolor, siempre habrá una luz de esperanza en las noches de más grande inquietud.

La alegría de Dios es duradera, no es temporal ni esporádica; no se parece, de hecho, a la que el mundo y sus pasatiempos pueden producir. La razón es que esta alegría es interior pues es producida directamente por el Espíritu Santo.

Por eso Jesús dice: «que nadie podrá quitarnos esta alegría». Puede ser que pasemos por situaciones difíciles y apremiantes, sin embargo, la alegría interior se convierte en un río interno que pacifica, conforta y da armonía a toda nuestra vida, haciéndonos capaces de afrontar y resolver cualquier problema o dificultad, por difícil o grave que éste sea. Esta alegría y paz es tal, que por eso dice Jesús también: «Ese día no me preguntarán nada».

Y es que cuando el corazón está lleno de Dios, ¿qué cosa puede ser importante para el hombre sino Dios mismo? ¿Qué pregunta podría surgir de este corazón? Ninguna: Dios lo es todo, Dios lo llena todo, Dios lo ilumina todo.

“Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se convertirá en gozo”. ¿Qué efecto tienen en nuestra vida estas palabras de Jesús? ¿Cómo vivimos las situaciones de tristeza y de angustia? ¿Qué nos impide descubrir y vivir la alegría de la presencia de Dios en nuestra vida?

Ven, Espíritu Santo, y en medio de las tristezas de esta vida, concédenos el don del gozo espiritual, y con María, causa de nuestra alegría, haz que vivamos la alegría pascual de Jesús resucitado y que nada ni nadie nos la pueda quitar. Amén.

Bendiciones.

(Visited 17 times, 1 visits today)