Día litúrgico: Lunes 4 (B y C) de Pascua
12 de mayo: Beato Álvaro del Portillo, obispo
Texto del Evangelio ( Jn 10,1-10):
Jesús dijo a los fariseos: “Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino trepando por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a cada una por su nombre y las hace salir. Cuando ha sacado a todas las suyas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz”.
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. Entonces Jesús prosiguió: “Les aseguro que Yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquéllos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta.
El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia”.
Palabra del Señor.
Reflexión
Hoy continuamos considerando una de las imágenes más bellas y más conocidas de la predicación de Jesús: el buen Pastor, sus ovejas y el redil. Todos tenemos en el recuerdo la figura del buen Pastor que desde pequeños hemos contemplado. Una imagen que era muy querida por los primeros fieles y que forma parte ya del arte sacro cristiano del tiempo de las catacumbas. ¡Cuántas cosas nos evoca aquel pastor joven con la oveja herida sobre sus espaldas! Muchas veces nos hemos visto nosotros mismos representados en aquel pobre animal.
Jesús se presenta como la puerta, el Buen Pastor y el dador de vida eterna. No hay mayor amor que el sacrificio de Cristo, y no hay mayor seguridad que seguirle como nuestro Pastor. A través de estas metáforas nos presenta su identidad, su propósito y la relación única con quienes le siguen. Es la única puerta que nos lleva a la vida eterna. Una puerta legítima para las ovejas. Es el medio de acceso y protección, ya que a través de ella se encuentra seguridad. Sólo cuando se cruza hay salvación y vida abundante, pasto y libertad.
El asalariado huye cuando surge el peligro, mientras que el buen pastor lo enfrenta para salvar a las ovejas. Jesús está dispuesto a dar su vida misma como acto supremo de amor y protección. Este sacrificio suyo es el corazón del Evangelio. El Buen Pastor no es un líder que se aparta en tiempos de crisis. Todo parte de la relación personal e íntima entre Él y aquellos que le siguen. Nos conoce y le conocemos. Esta relación es fundamental porque no se basa en un conocimiento superficial, sino en un vínculo profundo que lleva a la obediencia y confianza mutua. Nos conoce de manera única, es un conocimiento transformador. No se trata sólo de saber de Jesús, sino de experimentar su amor, gracia y dirección cada día. Es una pérdida de tiempo buscar otras puertas sabiendo dónde y quién es la puerta con mayúscula.
Nosotros, tantas veces distraídos y superficiales en nuestra relación con el Señor, somos llamados por él mismo a hacer una memoria grata del inmenso amor que nos tiene. Esta experiencia la podemos cultivar en nuestra cotidianidad, partiendo de la escucha asidua de su Palabra. Con esa apremiante necesidad que expresa el salmista: ¡Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo!
El auténtico discípulo del Señor está llamado a encarnar en su historia los rasgos esenciales del Buen Pastor, cuya identidad propia, como hemos visto, es la del amor gratuito por su rebaño. De esta manera, reproduciendo los gestos y actitudes del Buen Pastor, seremos capaces de ofrecer una gota de agua que calme un poco la sed del desierto que a veces nos toca vivir.
La experiencia de sentirnos amados por Dios ¿Qué tanto nos motiva para entregar nuestra vida al servicio del prójimo? ¿Cuál es nuestra puerta? ¿Qué voz seguimos cuando escuchamos tanto ruido en nuestra sociedad?
Te bendecimos, Padre, por Cristo, nuestro pastor. Que tu Espíritu rompa la brecha en nuestros muros para que nuestra comunidad sea hogar abierto a todos. Suscita vocaciones de servicio entre nosotros y da siempre a tu pueblo pastores según tu corazón. Amén.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza